Hay una geometría cruel en la guerra contemporánea que pocos líderes comprenden con la lucidez nacida de la experiencia. Volodymyr Zelensky la comprende porque la vive. En una entrevista exclusiva concedida el sábado 4 de abril a Associated Press en Estambul —donde horas antes se había reunido con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan—, el presidente ucraniano articuló con precisión implacable una advertencia que Washington debería escuchar como si fuera una alarma de incendio en una fábrica de municiones: la prolongación de la guerra estadounidense-israelí contra Irán está desviando sistemas Patriot del teatro ucraniano, disparando los precios del petróleo que financian la máquina de guerra del Kremlin, y relajando las sanciones que eran, hasta hace semanas, el instrumento más eficaz de presión económica contra Moscú.

Los hechos que Zelensky expuso a la Associated Press no admiten refutación. Según reportó ABC News al difundir la entrevista exclusiva de AP, Zelensky expresó su preocupación por que una guerra prolongada de Estados Unidos e Israel contra Irán erosione aún más el apoyo de Washington a Ucrania, y advirtió que si la guerra con Irán no termina pronto, los paquetes de misiles Patriot destinados a Ucrania serán cada vez más reducidos. Sus palabras exactas, según la cobertura de Euronews y ABC News, fueron elocuentes: si el conflicto en Irán no concluye pronto, el paquete de misiles Patriot —que de por sí nunca fue suficiente para Ucrania— será «smaller and smaller day by day» (más pequeño y más pequeño día a día). «That’s why, of course, we are afraid» (por eso, naturalmente, tenemos miedo), declaró Zelensky a AP.

La aritmética es despiadada. Según reportó el Kyiv Independent citando declaraciones anteriores de Zelensky, en apenas los tres primeros días de la guerra en Oriente Medio se emplearon más de 800 misiles interceptores Patriot — más que todos los que Ucrania ha recibido desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. Al Jazeera informó que la producción anual de estos misiles nunca ha superado las 900 unidades. Cada batería Patriot comprometida en la defensa de ciudades del Golfo Pérsico es una batería que no puede redesplegar en defensa de Odesa o Járkov, como subrayó el Foreign Policy Research Institute en su análisis de las implicaciones del conflicto iraní para Ucrania.

El sistema Patriot constituye la columna vertebral de la defensa ucraniana contra misiles balísticos rusos como el Iskander y el Kinzhal —ningún otro sistema occidental desplegado en Ucrania ofrece una capacidad antibalística comparable, según apuntó el FPRI. Y Rusia lo sabe. Los ataques aéreos nocturnos rusos alcanzaron en febrero de 2026 su mayor intensidad en cuatro años de guerra, con salvas que incluyeron hasta 30 misiles balísticos en una sola oleada, según el mismo análisis. Incluso antes de la crisis iraní, Washington ya era reticente a desprenderse de lanzadores Patriot adicionales y reservas de interceptores para Ucrania, dadas sus obligaciones globales y sus inventarios finitos.

Pero el daño que el conflicto en el Golfo inflige a la posición estadounidense no se limita a la escasez de interceptores. Zelensky identificó en su entrevista con AP —y lo había ya articulado previamente a Axios— el segundo vector de amenaza: la bonanza petrolera rusa. Según declaró Zelensky a la Associated Press, Rusia obtiene beneficios económicos directos de la guerra en Oriente Medio gracias a la relajación temporal de las sanciones estadounidenses al crudo ruso. Sus palabras, difundidas por LaPresse/AP: «La Russie gagne de l’argent supplémentaire grâce à cela, donc oui, elle en tire profit» (Rusia gana dinero adicional gracias a esto, así que sí, se beneficia). En entrevista previa con Axios, Zelensky fue aún más categórico: «I am sure Russia wants long war. They have benefits: The U.S. is focusing on the Middle East and may decrease military help to Ukraine. Sanctions are partially lifted. I see only benefits for Russia from the war with Iran continuing.»

Los datos confirman sus advertencias con contundencia. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz desde el 28 de febrero de 2026 —fecha de inicio de los ataques estadounidenses-israelíes contra Irán— ha retirado aproximadamente el 20 por ciento del suministro mundial de crudo, según la Reserva Federal de Dallas. Los precios del Brent, referencia internacional, se han disparado casi un 80 por ciento en lo que va de 2026, cotizando por encima de los 109 dólares el barril según The Motley Fool. El WTI, referencia estadounidense, casi se ha duplicado en el año, cerrando por encima de los 112 dólares. Este terremoto energético ha proporcionado a Rusia, según Bitget News citando datos presupuestarios rusos, un alivio fiscal de corto plazo tras un déficit presupuestario de 3,45 billones de rublos en los dos primeros meses de 2026, y los ingresos petroleros han superado por primera vez desde enero de 2025 el umbral previsto en el presupuesto ruso. Los precios globales del petróleo se incrementaron un 40 por ciento desde finales de febrero tras el estallido del conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho.

La administración Trump respondió a la crisis energética con una exención temporal de sanciones al crudo ruso. El 12 de marzo, el secretario del Tesoro Scott Bessent anunció una licencia general de 30 días que autorizaba la compra y entrega de petróleo ruso ya cargado en buques, según reportó Reuters. El Council on Foreign Relations documentó que esta exención expira el 11 de abril de 2026 si no es renovada, y que en la práctica suspendió el tope de precios sobre el petróleo ruso para los cargamentos cubiertos. El Atlantic Council advirtió desde Vilna que esta medida, presentada como temporal y de alcance limitado, facilita a Moscú mantener el flujo de barriles precisamente cuando la guerra del Golfo ha convulsionado los mercados. NBC News reportó que la decisión causó consternación en Europa, donde los funcionarios temían que impulsara la máquina de guerra rusa justo cuando la atención global se desplaza hacia Oriente Medio.

La tercera dimensión de la advertencia de Zelensky es quizá la más alarmante para la seguridad directa de las fuerzas estadounidenses: la cooperación de inteligencia entre Moscú y Teherán. The Wall Street Journal reportó en marzo que Rusia ha estado compartiendo imágenes satelitales y tecnología de drones mejorada con Irán para asistir en la selección de objetivos contra fuerzas estadounidenses. Zelensky reveló a NBC News, durante su gira por el Golfo, que satélites rusos fotografiaron la base aérea Prince Sultan en Arabia Saudita el 20, 23 y 25 de marzo, y que el 26 de marzo Irán atacó esa misma base, hiriendo a 12 militares estadounidenses según The Wall Street Journal. El presidente ucraniano compartió con NBC News un resumen de su informe de inteligencia diario. También declaró a NewsNation, según reportó The Hill, que Ucrania tiene confirmación de que Rusia comparte imágenes satelitales de múltiples instalaciones en Emiratos, Arabia Saudita, Catar y Jordania, y que Ucrania había compartido esa información con el lado estadounidense.

Ante este panorama estratégico, Zelensky ha desplegado lo que el FPRI denominó una «maniobra diplomática creativamente característica». Según reportó Euronews basándose en la entrevista de AP, Zelensky ofreció compartir con los países del Golfo la experiencia ucraniana en neutralizar drones iraníes Shahed, incluyendo drones interceptores y drones navales que Ucrania produce en cantidades superiores a las que consume, con financiación estadounidense y europea. A cambio, estos países podrían ayudar a Ucrania con misiles antibalísticos. Defense News reportó que Ucrania ha desplegado 228 especialistas en contramedidas de drones en cinco países asociados del Golfo —Jordania, Catar, Emiratos, Arabia Saudita y Kuwait— y que Zelensky ha enmarcado la propuesta en términos explícitamente transaccionales.

La visita a Estambul se inscribió en esta ofensiva diplomática. Según AFP reproducido por France 24, Erdogan recibió a Zelensky en el palacio de Dolmabahçe para conversaciones sobre seguridad energética, seguridad marítima y esfuerzos de paz. Según Kyiv Post, Erdogan reafirmó la disposición de Turquía a desempeñar un papel mediador y ofreció albergar una nueva ronda de negociaciones entre Ucrania, Estados Unidos y Rusia. Zelensky, según múltiples fuentes, declaró estar preparado para una reunión a nivel de líderes en cualquier formato. También discutieron proyectos conjuntos de infraestructura gasística y desarrollo de campos de gas. Ucrania ha insistido en impulsar una tregua con motivo de la Pascua ortodoxa del 12 de abril que incluya la suspensión de ataques a infraestructura energética, pero Rusia, que busca un acuerdo permanente en lugar de un alto el fuego temporal, afirmó no haber visto propuestas claramente formuladas de Kiev.

Desde la perspectiva del interés nacional estadounidense, la advertencia de Zelensky exige una reflexión que trasciende la solidaridad aliada. El problema que el presidente ucraniano identifica es, en el fondo, un problema estadounidense. Si la capacidad de producción de misiles Patriot es finita —y lo es: menos de 900 unidades anuales—, cada interceptor gastado sobre Riad o Abu Dabi es un interceptor que no estará disponible si la competición estratégica con China en el Pacífico escala, o si la defensa de los aliados europeos de la OTAN requiere refuerzo. Un analista del Royal United Services Institute citado por Defense News lo expresó sin rodeos: los interceptores Patriot ya no llegarán a Ucrania porque irán al ejército estadounidense, ya sea para Oriente Medio o para Taiwán. De esas prioridades, Ucrania queda al final de la lista.

Simultáneamente, la exención temporal de sanciones al crudo ruso, por necesaria que sea para estabilizar los mercados, entrega a Vladimir Putin exactamente el oxígeno financiero que la estrategia de presión económica pretendía negarle. El presupuesto militar ruso de 2026 asciende a 12,9 billones de rublos (157.400 millones de dólares), según datos presupuestarios citados por medios financieros, y funcionarios rusos han indicado que los ingresos petroleros extraordinarios se dirigirán a defensa. Cada dólar adicional que Rusia ingresa por barril de crudo es un dólar que puede destinar a fabricar los misiles balísticos que los Patriot deben interceptar sobre Kiev.

Estados Unidos libra dos guerras —una caliente en el Golfo, una proxy en Europa Oriental— contra un adversario que se beneficia precisamente de que las dos continúen. Rusia no necesita ganar ninguna de ellas; le basta con que ambas se prolonguen. Cada semana de conflicto en Irán drena interceptores de los arsenales occidentales, eleva los precios del crudo que financian la guerra rusa, y desplaza la atención diplomática de Washington lejos de Ucrania. La geometría de esta trampa estratégica es tan evidente que Zelensky puede describirla desde Estambul con una claridad que debería resultar incómoda en el Pentágono y en el Ala Oeste.

La respuesta no consiste en abandonar ni la campaña contra Irán ni el apoyo a Ucrania. Consiste en reconocer que ambas son frentes de una misma competición contra una constelación de adversarios que cooperan —Rusia proporciona inteligencia satelital a Irán, Irán proporcionó drones Shahed a Rusia— y que la gestión compartimentalizada de cada conflicto como si fuera independiente es un lujo que Estados Unidos ya no puede permitirse. La aceleración de la producción de Patriot, el mantenimiento riguroso del régimen de sanciones al petróleo ruso incluso durante la crisis energética, y la integración de la experiencia ucraniana en la defensa del Golfo no son concesiones a un aliado: son imperativos del interés nacional estadounidense. Zelensky, desde el Bósforo, recordó a Washington lo que Washington debería saber sin necesidad de que se lo recuerden.