El ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, ha confirmado públicamente que mantiene comunicaciones regulares con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en los márgenes de las reuniones a puerta cerrada del Consejo de la Unión Europea sobre asuntos exteriores, un reconocimiento que ha detonado una crisis diplomática de primer orden en el seno del bloque europeo y que amenaza con alterar la arquitectura de confianza sobre la cual descansa la cooperación occidental en materia de seguridad.

Szijjártó efectuó la admisión la noche del lunes 24 de marzo durante un acto de campaña en la ciudad de Keszthely, según informó Euronews. «Sí, estos asuntos deben discutirse con nuestros socios fuera de la Unión Europea. Hablo no sólo con el ministro de Exteriores ruso, sino también con nuestros socios estadounidenses, turcos, israelíes, serbios y otros antes y después de las reuniones del Consejo de la Unión Europea», declaró el ministro, según la transcripción recogida por Euromaidan Press y European Pravda. «Quizás lo que digo suene duro, pero la diplomacia consiste en hablar con los líderes de otros países», añadió.

La mañana del propio 24 de marzo, según informó Ukrainska Pravda citando a Euronews, Szijjártó publicó además un vídeo en redes sociales en el que rechazó las acusaciones de haber vulnerado protocolo alguno de seguridad durante las reuniones del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE. La estrategia defensiva de Budapest se ha articulado en dos frentes simultáneos: la normalización de los contactos como ejercicio diplomático rutinario y la denuncia de que las conversaciones del ministro fueron interceptadas por servicios de inteligencia extranjeros.

Las revelaciones que precipitaron la confirmación de Szijjártó habían sido publicadas el sábado 21 de marzo por el Washington Post, que citó a funcionarios de seguridad europeos, tanto en activo como retirados. Según el diario estadounidense, Szijjártó realizaba llamadas telefónicas regulares a Lavrov durante las pausas de las reuniones del Consejo de la UE en Bruselas para proporcionarle, según la formulación del Post, «informes directos de lo que se había discutido» y de las posibles soluciones en consideración. Un funcionario europeo sin identificar afirmó al Washington Post que «a través de tales llamadas, cada reunión de la UE durante años ha tenido básicamente a Moscú detrás de la mesa».

Las alegaciones revisten una gravedad singular para la arquitectura de seguridad compartida entre los Estados Unidos y sus aliados europeos. Los Estados miembros de la UE están vinculados por el principio de cooperación leal, y el contenido de las reuniones ministeriales se entiende como confidencial, según señaló Euronews. Si las comunicaciones descritas por el Washington Post se produjeron tal como fueron reportadas, Moscú habría dispuesto durante años de una ventana en tiempo real sobre las deliberaciones estratégicas del bloque que constituye el pilar europeo de la alianza transatlántica — deliberaciones que abarcan desde sanciones contra Rusia hasta la política energética y el apoyo a Ucrania.

La reacción institucional fue inmediata y severa. La Comisión Europea calificó los informes de «sumamente preocupantes», según declaró la portavoz Anitta Hipper el lunes, añadiendo, según Al Jazeera, que «una relación de confianza entre los Estados miembros, y entre estos y las instituciones, es fundamental para el trabajo de la UE». La Comisión exigió al gobierno húngaro que proporcionase clarificaciones. El Consejo de la UE, por su parte, indicó a Euronews que está evaluando si Szijjártó incumplió normativa alguna.

Berlín respondió con contundencia. «Las discusiones dentro de la UE, incluidas las de los ministros de Exteriores de la UE, son confidenciales», declaró un portavoz del Ministerio de Exteriores alemán, según France 24. «No toleraremos violación alguna de las mismas», añadió. Alemania exigió explicaciones formales a Budapest, según Ukrainska Pravda.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, fue de los primeros líderes europeos en pronunciarse. «La noticia de que la gente de Orbán informa a Moscú sobre las reuniones del Consejo de la UE en cada detalle no debería sorprender a nadie», escribió Tusk en la plataforma X el domingo 22 de marzo, según recogieron Euronews y France 24. «Hemos tenido nuestras sospechas sobre eso durante mucho tiempo. Esa es una de las razones por las que tomo la palabra sólo cuando es estrictamente necesario y digo sólo lo que es necesario.»

Su advertencia fue corroborada por Gabrielius Landsbergis, ministro de Exteriores de Lituania entre 2020 y 2024, quien declaró a Politico — según reportó Ukrainska Pravda — que había sido advertido ya a principios de 2024 sobre la existencia de un canal privilegiado entre Szijjártó y Lavrov. Landsbergis añadió que incluso en vísperas de una importante cumbre de la OTAN en Vilna en 2023, los enviados habían decidido excluir a la delegación de Budapest de las discusiones sobre asuntos sensibles.

Las consecuencias operativas ya eran visibles antes de la confirmación de Szijjártó. Según informó Politico, citado por Ukrainska Pravda, la Unión Europea está limitando el acceso de Hungría a las discusiones sobre «material confidencial» por la preocupación ante la posible transferencia de información a Rusia. Cinco diplomáticos y funcionarios europeos declararon estar «preocupados por el riesgo de que Budapest filtre información sensible al Kremlin». La preocupación ha contribuido a la creciente popularidad de reuniones en grupos reducidos de Estados afines dentro de la UE, en lugar de los formatos habituales de los veintisiete miembros.

El expediente de Szijjártó con Moscú es extenso y documentado. Según Euronews y Euromaidan Press, el ministro ha visitado Moscú dieciséis veces desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Su viaje más reciente tuvo lugar el 4 de marzo de 2026, cuando se reunió con el presidente ruso Vladímir Putin en el Kremlin. Esa visita provocó una protesta formal de Kiev: el 5 de marzo, el Ministerio de Exteriores de Ucrania convocó al encargado de negocios interino de la embajada húngara, según Euromaidan Press.

El gobierno de Orbán ha optado por una estrategia de contraataque centrada en la supuesta interceptación de las comunicaciones. El propio primer ministro ordenó una investigación al Ministerio de Justicia. «La escucha de un miembro del gobierno es un ataque grave a Hungría», escribió Orbán en Facebook, según Al Jazeera, añadiendo que existen «indicios de quién puede estar detrás». El portavoz del gobierno, Zoltán Kovács, calificó la interceptación de «ataque serio contra Hungría», según reportó EUNews. El ministro de Asuntos Europeos, János Bóka, fue más lejos y descartó las alegaciones como «noticias falsas difundidas como una reacción desesperada al impulso ganado por Fidesz en la campaña electoral», según la misma fuente. Es pertinente señalar, como apuntó France 24, que el artículo del Washington Post no afirmaba en ningún momento que Szijjártó hubiera sido objeto de escuchas.

El escándalo ha detonado a tres semanas de las elecciones parlamentarias húngaras del 12 de abril, los comicios más disputados en Hungría en quince años. El líder de la oposición, Péter Magyar, del partido Tisza, reaccionó a las revelaciones del Washington Post calificando a Szijjártó de «traidor a Hungría», según informó Ukrainska Pravda citando al portal húngaro Telex. «El hecho de que el ministro de Exteriores de Hungría, íntimo amigo de Serguéi Lavrov, esté informando a los rusos de cada reunión de la UE casi minuto a minuto es una traición en toda regla. Este hombre ha traicionado no sólo a su país, sino también a Europa», declaró Magyar ante sus simpatizantes.

El partido Tisza ha prometido que, de ganar las elecciones, «investigará de inmediato los vínculos de Péter Szijjártó con Rusia», según informaron Euromaidan Press y European Pravda. Las encuestas muestran una contienda reñida pero con ventaja para la oposición: según Ukrainska Pravda, las encuestas más recientes otorgan al partido Tisza una ventaja de catorce puntos porcentuales sobre Fidesz. Una encuesta de la firma Medián, publicada en febrero y recogida por EUobserver, cifró la ventaja de Tisza en veinte puntos entre votantes decididos y seguros de acudir a las urnas. Las encuestas del instituto progubernamental Nézőpont, sin embargo, han mostrado consistentemente a Fidesz por delante, situándolo en un 46 por ciento frente al 40 de Tisza en su sondeo más reciente, según el medio Hungarian Conservative.

La crisis de las filtraciones se inscribe en un contexto más amplio de tensiones entre Budapest y el bloque europeo. Apenas cinco días antes de la confirmación de Szijjártó, la cumbre del Consejo Europeo del 19 de marzo estuvo dominada por el veto de Orbán al préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania, según informaron Euronews, Al Jazeera y France 24. La medida, que el propio Orbán había aprobado en diciembre junto con los demás líderes del bloque, fue calificada de «inaceptable» por múltiples líderes europeos. El canciller alemán Merz calificó el veto a lo que había sido un «préstamo acordado» como un acto sin precedentes de «seria deslealtad», según fuentes recogidas por medios europeos.

Para los intereses estratégicos de los Estados Unidos, la confirmación de Szijjártó plantea interrogantes de primera magnitud sobre la integridad de los canales de inteligencia y deliberación compartidos con los aliados europeos. Hungría es miembro tanto de la OTAN como de la Unión Europea, y la posibilidad de que las deliberaciones estratégicas del bloque europeo — que incluyen decisiones sobre sanciones, política energética y apoyo militar a Ucrania — hayan sido transmitidas rutinariamente a Moscú constituye, en términos operativos, una brecha de seguridad que afecta directamente a la capacidad de los aliados de Washington para coordinar una respuesta coherente frente a la agresión rusa. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), estas elecciones «tendrán un impacto real en la capacidad de la Unión Europea para enfrentar los desafíos superpuestos en los próximos años, incluida la competitividad económica, el apoyo a Ucrania y la recalibración de la relación del bloque con los Estados Unidos».

Landsbergis reveló a Politico un detalle que subraya la magnitud del problema: ya en vísperas de la cumbre de la OTAN en Vilna en 2023, los enviados aliados habían decidido excluir a la delegación húngara de las discusiones sobre asuntos sensibles. La práctica de marginar a Budapest de las deliberaciones más delicadas — tanto en foros de la UE como de la OTAN — se ha consolidado silenciosamente durante años, según las fuentes diplomáticas citadas por Politico.

Los próximos diecinueve días determinarán si el electorado húngaro ratifica o revoca la orientación estratégica del gobierno de Orbán. Sea cual sea el resultado del 12 de abril, la confirmación pública de Szijjártó ha transformado lo que eran sospechas largamente albergadas en un hecho admitido por la propia parte acusada — un hecho cuyas implicaciones para la cohesión de la alianza occidental apenas comienzan a desplegarse.