El lienzo más célebre del siglo XX español — y acaso del siglo XX sin más — se ha convertido, una vez más, en campo de batalla entre la conservación artística y la reivindicación política. El Gobierno del País Vasco, encabezado por el lehendakari Imanol Pradales, ha solicitado formalmente al Gobierno de España la cesión temporal del Guernica de Pablo Picasso desde el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid al Museo Guggenheim de Bilbao, según informó el periódico barcelonés Ara y confirmaron fuentes oficiales del Ejecutivo vasco. De aprobarse, sería la primera vez que la pintura abandona la pinacoteca madrileña desde su instalación en 1992, según ARTnews.
La solicitud, tramitada por la vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística, Ibone Bengoetxea, al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en un encuentro celebrado en Madrid, contempla un préstamo de nueve meses, entre el 1 de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027, período que coincide con el nonagésimo aniversario de dos hitos fundacionales de la identidad vasca contemporánea: la constitución del primer Gobierno Vasco del lehendakari José Antonio Agirre en octubre de 1936 y el bombardeo de la villa de Gernika por la Legión Cóndor alemana y la aviación fascista italiana el 26 de abril de 1937, según informó Anadolu Agency.
Bengoetxea, según el portal oficial del Gobierno Vasco, subrayó el “profundo significado histórico, simbólico y emocional” que tendría la exhibición temporal para la sociedad vasca y describió la iniciativa como “un gesto de reparación y dignificación”. La consejera insistió en que el traslado “contribuiría a reforzar la memoria histórica y a proyectar, desde el presente, un mensaje claro en favor de la democracia, la libertad y la convivencia”.
La respuesta del Museo Reina Sofía fue inmediata y categórica. Un día después de la reunión entre Bengoetxea y Urtasun, la pinacoteca madrileña hizo público un informe de su Departamento de Conservación-Restauración que, según Infobae, “desaconseja rotundamente” cualquier desplazamiento de la obra. El dictamen técnico advierte de que las vibraciones inevitables durante el transporte podrían provocar “nuevas grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarros”. El informe concluye, según el diario Deia, que la obra debe permanecer en posición vertical y en condiciones estables de humedad y temperatura, y que no puede enrollarse dada la naturaleza actual de sus materiales constitutivos.
El Guernica — un óleo sobre lienzo de lino y yute de 349 por 777 centímetros, ejecutado en una paleta monocromática de negros, blancos y grises — arrastra las cicatrices de una vida nómada extraordinariamente azarosa. Según los archivos del MoMA citados por Xataka, el director fundador del museo neoyorquino, Alfred H. Barr Jr., describió en 1969 cómo Picasso había prestado la obra “unas veinte veces por toda Europa y Estados Unidos”, lo que implicó sucesivos enrollamientos y desenrollamientos sobre su bastidor. Ya en 1957, la conservadora del MoMA Jean Volkmer alertó del deterioro del bastidor original, que fue sustituido en 1964. La obra permaneció en el museo neoyorquino desde 1939 — depositada allí por Picasso con la estipulación expresa de que no regresara a España hasta la restauración de la democracia — y volvió a Madrid en 1981, tras la muerte del dictador Francisco Franco.
El Gobierno vasco, sin embargo, considera que el debate no puede clausurarse con un informe de conservación. Pradales, tras reunirse con el presidente Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa, advirtió públicamente de que sería “un grave error político cerrar la puerta” al traslado basándose exclusivamente en el dictamen del Reina Sofía, según recogió Europa Press. El lehendakari calificó la propuesta como una fórmula de “reparación simbólica y política, no solo al pueblo vasco, sino un mensaje al mundo” sobre las consecuencias de la guerra y la dictadura, según informó Ara.
Bengoetxea, por su parte, reclamó al Ministerio de Cultura la elaboración de un estudio de viabilidad técnica — no un informe sobre el estado de conservación, cuyas conclusiones, argumentó, son ya conocidas —, según reportó Noticias de Álava. Según el lehendakari, ambas partes acordaron proseguir las negociaciones tras la Semana Santa. La vicelehendakari pidió “valentía política” e insistió en que, en 2026, “los museos de todo el mundo trasladan obras de gran complejidad con todas las garantías”, según informó el diario Deia.
La petición vasca no es nueva. Desde 1997, cuando el Gobierno del lehendakari José Antonio Ardanza solicitó la cesión con motivo de la inauguración del Guggenheim Bilbao — museo que, según Deia, llegó a disponer una sala diseñada por el arquitecto canadiense Frank Gehry expresamente para albergar la obra de Picasso —, todas las solicitudes han sido denegadas. Según Xataka, el Reina Sofía rechazó peticiones del MoMA en 2000, del Royal Ontario Museum en 2006, del Gobierno Vasco en 2007, del Grupo Fuji en 2009 y del PNV en 2012. En 2010, el Congreso de los Diputados declaró el cuadro “intrasladable”; en 2017, PSOE, PP, Ciudadanos y Unidos Podemos unieron sus votos para impedir la cesión, según Noticias de Álava. Barcelona también solicitó un préstamo en 1992, sin éxito, según ARTnews.
La dimensión política del asunto trasciende la esfera museológica. El presidente Sánchez encabeza un gobierno de coalición minoritaria del PSOE y Sumar que depende, para su supervivencia parlamentaria, del apoyo externo de partidos regionalistas y nacionalistas, entre ellos el Partido Nacionalista Vasco (PNV) con cinco escaños y EH Bildu con seis en el Congreso de los Diputados, según Jacobin. Según el Times de Londres, citado por ARTnews, ambos partidos nacionalistas vascos han planteado la cuestión del Guernica, lo que convierte una decisión nominalmente cultural en un test de lealtades dentro de la arquitectura parlamentaria que sostiene al Ejecutivo español.
El Patronato del Reina Sofía ha mantenido históricamente que el Guernica constituye el eje vertebrador de sus colecciones y su pieza más emblemática, equiparando su valor para la institución al de la Gioconda para el Louvre, según reportó OkDiario. La obra es, de hecho, la principal atracción de la pinacoteca madrileña: una parte sustancial de los millones de visitantes anuales acude al museo con el propósito exclusivo de contemplar el mural que Picasso pintó en su taller parisino de la Rue des Grands-Augustins entre mayo y junio de 1937.
La controversia arroja luz sobre una tensión recurrente en la democracia española: la gestión del patrimonio cultural como instrumento de cohesión nacional o como herramienta de reconocimiento territorial. Para el Gobierno vasco, que ha hecho de la solicitud una causa institucional, la presencia temporal del Guernica en Bilbao constituiría un acto de justicia histórica con la comunidad que sufrió el bombardeo que inspiró la obra. Para el Ministerio de Cultura, según Infobae, no ha habido “mejoras técnicas suficientes” que permitan la salida de la obra, y la protección del patrimonio sigue siendo el “deber prioritario”.
Las discusiones continuarán, según los términos acordados entre Bengoetxea y Urtasun, tras la Semana Santa. El Gobierno vasco ha ofrecido asumir la totalidad de los costes y propuesto la creación de una comisión de trabajo conjunta para evaluar las condiciones del traslado, según Mundiario. Queda por ver si Pedro Sánchez — atrapado entre la ortodoxia conservacionista de sus instituciones culturales y las demandas de los socios parlamentarios sin cuyo concurso su gobierno no podría gobernar — encontrará una fórmula que satisfaga a todas las partes en un debate donde el arte, la memoria y la aritmética política convergen sobre un lienzo de siete metros y medio de ancho que lleva treinta y cuatro años sin moverse de su sala.