Los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Turquía, Arabia Saudita y Pakistán se reunieron antes del amanecer del jueves en Riad en una sesión de emergencia destinada a encontrar una salida diplomática a la guerra que asola Irán desde el pasado 28 de febrero, según informó el Wall Street Journal. Pero la empresa diplomática chocó de inmediato con un vacío estratégico que amenaza con volver estéril cualquier esfuerzo de mediación: la ausencia de un interlocutor válido en Teherán tras la eliminación, el 17 de marzo, del jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Ali Larijani, a manos de Israel.
La reunión cuadrilateral congregó al príncipe Faisal bin Farhan, ministro de Exteriores saudí; al turco Hakan Fidan; al egipcio Badr Abdelatty; y al viceprimer ministro y canciller paquistaní, Mohammad Ishaq Dar, según confirmó el Servicio de Información del Estado de Egipto. El encuentro se celebró al margen de una reunión consultiva ministerial de países árabes e islámicos convocada por Riad expresamente para abordar las agresiones iraníes contra estados del Golfo y la escalada militar en la región.
Según funcionarios árabes citados por el Wall Street Journal, el obstáculo cardinal de las deliberaciones fue identificar una contraparte negociadora en Irán. Larijani, que había sido considerado un socio viable para interactuar con Occidente, fue confirmado muerto por el propio Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán junto con su hijo Morteza y varios guardaespaldas. Al Jazeera documentó que Larijani era el funcionario iraní de más alto rango eliminado desde el asesinato del líder supremo Alí Jamenei el primer día de la guerra. Según Britannica, Larijani había funcionado como líder de facto del país desde la muerte de Jamenei hasta su propia eliminación el 17 de marzo.
La inteligencia egipcia logró abrir un canal de comunicación directa con el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica —la entidad paramilitar que constituye la fuerza de seguridad, política y económica más poderosa de Irán— y presentó una propuesta para suspender las hostilidades durante cinco días con el fin de generar confianza para un alto el fuego, según funcionarios citados por el Wall Street Journal. Esas conversaciones, indicó el diario, sentaron las bases para el giro abrupto que se produjo a más de siete mil millas de distancia, en Florida, donde el presidente Trump anunció la extensión de cinco días de su ultimátum a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz.
El presidente egipcio Abdelfatah al Sisi declaró que El Cairo ha transmitido mensajes claros a Irán centrados en la desescalada del conflicto, según la Associated Press. El Ministerio de Exteriores egipcio informó de esfuerzos y comunicaciones constantes con todas las partes. Un funcionario egipcio precisó a la AP que Estados Unidos e Irán intercambiaron mensajes a través de Egipto, Turquía y Pakistán durante el fin de semana con el objetivo de evitar ataques contra infraestructura energética.
El ministro turco Fidan desplegó una ronda de contactos telefónicos de extraordinaria intensidad. Según fuentes diplomáticas turcas citadas por Reuters, Fidan conversó con su homólogo iraní Abbas Araghchi, con el egipcio Abdelatty, con la alta representante de la Unión Europea Kaja Kallas y con funcionarios estadounidenses. Al-Monitor confirmó que Fidan discutió los esfuerzos para poner fin a la guerra con los cancilleres saudí, egipcio y paquistaní. Turquía, miembro de la OTAN y vecina de Irán, había intentado mediar entre Teherán y Washington antes de que estallase el conflicto, y su canciller abogó públicamente por la posibilidad de declarar un alto el fuego de corto plazo para abrir espacio a las negociaciones.
Pakistán emergió como un actor singularmente activo en este teatro diplomático. El primer ministro Shehbaz Sharif declaró en la red social X que Pakistán «se declara dispuesto y honrado de ser sede para facilitar conversaciones significativas y conclusivas para una resolución integral del conflicto en curso», según NBC News. Al Jazeera confirmó que el portavoz del Ministerio de Exteriores paquistaní, Tahir Andrabi, aseguró que Islamabad está siempre dispuesto a acoger conversaciones si las partes lo desean. Según el Financial Times, citado por el diario Dawn, el presidente Trump habló también por teléfono con el jefe de las Fuerzas de Defensa de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, en torno al momento en que anunció el aplazamiento de los ataques contra Irán.
La posición de Pakistán resulta a la vez privilegiada y precaria. Arabia Saudita y Pakistán, potencia nuclear, firmaron el año pasado un pacto de defensa mutua que establece que cualquier ataque contra una de las naciones constituye un ataque contra ambas, según la Associated Press. Islamabad no alberga bases militares estadounidenses, lo que lo ha convertido en uno de los pocos aliados de Washington en la región que ha sido eximido de los misiles y drones iraníes, circunstancia que refuerza su credibilidad como árbitro neutral, según tres personas familiarizadas con el asunto citadas por el Financial Times a través del Irish Times.
Mientras las potencias islámicas operaban desde Riad, Pekín intensificaba su propia diplomacia paralela. El enviado especial del gobierno chino para Oriente Medio, Zhai Jun, se encontraba realizando una ronda de diplomacia de lanzadera por la región, según CGTN. En una rueda de prensa, Zhai subrayó la situación en el Estrecho de Ormuz e insistió en que la desescalada es la clave para garantizar el tránsito seguro por esta vía marítima vital. Según Xinhua, Zhai detalló ante los medios que todas las partes se oponen al cierre del Estrecho y consideran que su clausura prolongada traerá consecuencias insoportables para todos.
El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Guo Jiakun había declarado previamente que Pekín se centra en lograr una detención inmediata del conflicto militar y en llevar a las partes concernidas de vuelta a la mesa de negociaciones, según el registro oficial del Ministerio de Exteriores chino. China mantiene una posición de equilibrio: es socio de Irán, pero ha señalado que no acompaña los ataques de Teherán contra estados del Golfo que albergan bases estadounidenses, según AFP a través del Manila Times.
Para los Estados Unidos, la multiplicación de canales de mediación representa tanto una oportunidad como un riesgo calculable. Cada intermediario que transmite mensajes entre Washington y Teherán amplía las posibilidades de que la presión militar y económica sostenida por la administración Trump se traduzca en un resultado negociado que proteja los intereses estadounidenses: la reapertura del Estrecho de Ormuz, la neutralización de las capacidades iraníes que amenazan a aliados del Golfo y la preservación de la arquitectura de seguridad que Washington ha construido en la región.
El presidente Trump extendió el lunes su ultimátum a Irán, otorgando cinco días adicionales para que Teherán reabra el Estrecho de Ormuz antes de enfrentar ataques contra sus plantas de energía, según la AP. La extensión fue supeditada al éxito de las reuniones y discusiones en curso. Trump afirmó que su administración ha estado negociando con Irán durante largo tiempo y aseguró que Teherán desea la paz.
En un frente diplomático adicional, el primer ministro de la India, Narendra Modi, sostuvo el martes una conversación telefónica con Trump centrada en la importancia de mantener abierto el Estrecho de Ormuz. Según la Agencia Anadolu, Modi declaró que mantener el Estrecho abierto, seguro y accesible es esencial para todo el mundo. El embajador estadounidense en India, Sergio Gor, confirmó el contacto entre los dos líderes, indicando que discutieron la situación en curso en Oriente Medio, incluida la importancia de mantener abierto el Estrecho de Ormuz.
Irán, por su parte, ha negado la existencia de negociaciones directas con Estados Unidos. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, reconoció ante la agencia IRNA que en los últimos días se recibieron mensajes a través de estados amigos que transmitían la solicitud estadounidense de negociaciones, y que se dieron respuestas apropiadas de acuerdo con las posiciones fundamentales del país, según Al Jazeera. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica exigió un nuevo orden para el Estrecho de Ormuz que permitiría a Irán cobrar tarifas por el tránsito de buques, según un modelo análogo al que Egipto opera en el Canal de Suez, reportó el Wall Street Journal.
Los mediadores árabes, por su cuenta, han propuesto poner la vía marítima estratégica bajo el control de un comité regional neutral que permita el paso de todos los navíos, según funcionarios citados por el mismo diario. La distancia entre estas posiciones —la iraní, que busca cobrar peajes y obtener reparaciones, y la estadounidense, que exige la reapertura incondicional— ilustra la envergadura del desafío diplomático que enfrentan los cancilleres reunidos en Riad.
El conflicto, que entró en su cuarta semana, ha cobrado más de dos mil vidas según la AP, ha sacudido la economía mundial, ha disparado los precios del petróleo y ha puesto en riesgo algunos de los corredores aéreos más transitados del planeta. El Estrecho de Ormuz, por donde transitaba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de crudo antes de la guerra, permanece efectivamente estrangulado desde principios de marzo, según la Agencia Anadolu. Para Estados Unidos y sus aliados, la reapertura de esta arteria energética constituye un imperativo estratégico de primer orden cuya resolución dependerá, en buena medida, de que la tupida red de mediaciones tejida en Riad, Ankara, Islamabad y Pekín logre producir un interlocutor iraní dispuesto a negociar en los términos que exige la realidad del campo de batalla.