Las primeras remesas de petróleo procedentes de las reservas estratégicas de emergencia de la Agencia Internacional de Energía han comenzado a incorporarse a los mercados mundiales esta semana, en la fase inicial de lo que constituye la mayor liberación coordinada de crudo en los más de cincuenta años de historia de la organización: 400 millones de barriles que los 32 países miembros de la AIE acordaron por unanimidad poner a disposición del mercado el 11 de marzo, según confirmó la propia agencia con sede en París. Los Estados Unidos de América aportan la contribución individual más cuantiosa: 172 millones de barriles procedentes de la Reserva Estratégica de Petróleo, según anunció el Departamento de Energía, cuyas entregas comenzaron esta semana y se extenderán durante aproximadamente 120 días.

La operación responde a la mayor perturbación de suministro en la historia del mercado petrolero mundial, provocada por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desde el inicio del conflicto en Oriente Medio el 28 de febrero de 2026. Según la AIE, los volúmenes de exportación de crudo y productos refinados a través del estrecho se encuentran actualmente a menos del 10% de los niveles previos al conflicto, una cifra que revela la magnitud del estrangulamiento que pesa sobre una vía marítima por la que, en condiciones normales, transitaban una media de 20 millones de barriles diarios durante 2025 — aproximadamente el 25% del comercio marítimo mundial de petróleo.

«Los desafíos del mercado petrolero a los que nos enfrentamos son sin precedentes en escala, por lo que me alegro mucho de que los países miembros de la AIE hayan respondido con una acción colectiva de emergencia de dimensiones sin precedentes», declaró el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, según recogió la Associated Press. Birol subrayó, no obstante, que la medida tiene un alcance limitado: «Pero, para ser claros, lo más importante para el retorno a flujos estables de petróleo y gas es la reanudación del tránsito a través del estrecho de Ormuz.»

La arquitectura de la operación revela una coordinación escalonada por regiones. Según una actualización publicada por la AIE, las reservas de los países miembros de Asia-Oceanía comenzaron a fluir inmediatamente tras la decisión, mientras que las procedentes de América y Europa se incorporarán al mercado a finales de marzo. Japón, cuya dependencia del petróleo de Oriente Medio supera el 90% de sus importaciones de crudo, asumió un papel inmediato y protagónico: la primera ministra Sanae Takaichi anunció la liberación de unos 80 millones de barriles — el equivalente a 45 días de consumo doméstico —, según informó Al Jazeera, la mayor en la historia del país y 1,8 veces superior a la efectuada tras el Gran Terremoto del Este de Japón en 2011, según Kyodo.

Alemania, por su parte, contribuirá con 2,64 millones de toneladas de petróleo, equivalentes a aproximadamente 19,7 millones de barriles, según declaró la ministra de Economía Katherina Reiche en rueda de prensa en Berlín, recogida por la Associated Press. Reiche señaló que no existía escasez de suministro en Alemania, pero que el país respaldaba el principio fundamental de la AIE de solidaridad mutua. Francia comprometió 14,5 millones de barriles, según indicó el presidente Emmanuel Macron durante una videoconferencia del G7, y Corea del Sur anunció la liberación de 22,46 millones de barriles, según Arab News. En conjunto, las naciones del G7 representan el 70% del volumen total comprometido.

La magnitud de la operación estadounidense merece atención singular. El Departamento de Energía confirmó que la liberación de 172 millones de barriles se estructurará como un intercambio — esencialmente un préstamo mediante el cual las empresas toman crudo y lo devuelven posteriormente con barriles adicionales —, según informó Bloomberg a través de World Oil. Las primeras adjudicaciones se realizaron la semana pasada: 45,2 millones de barriles en contratos otorgados a BP Products North America, Gunvor USA, Marathon Petroleum, Shell Trading, Energy Transfer Crude Marketing, Mercuria Energy America, Trafigura Trading y Vitol, según la Associated Press. El secretario de Energía, Chris Wright, señaló que existen planes para reincorporar aproximadamente 200 millones de barriles a la reserva durante el próximo año, según The Conversation.

Con esta extracción, la Reserva Estratégica de Petróleo de los Estados Unidos descenderá temporalmente a unos 243 millones de barriles — apenas el 34% de su capacidad autorizada de 714 millones de barriles y su nivel más bajo desde principios de la década de 1980, según calculó The Conversation. A mediados de febrero, los datos del Departamento de Energía situaban las existencias del SPR en torno a los 415 millones de barriles, según NBC News. El hecho de que Estados Unidos, como mayor productor y mayor consumidor mundial de petróleo, mantenga aun así la mayor reserva estratégica conocida del mundo — sólo China podría tener una mayor, aunque Pekín no publica sus cifras, según Al Jazeera — confiere a Washington una capacidad de intervención en los mercados energéticos mundiales que ninguna otra nación posee.

Sin embargo, ni la escala sin precedentes de la liberación ni la coordinación multilateral han logrado doblegar los precios. El crudo Brent cotizaba a 102,47 dólares el barril a primera hora de la mañana del 24 de marzo, según Fortune, tras haber alcanzado los 119,50 dólares en los picos de la semana anterior, y muy lejos de los 72,48 dólares a los que cerró el 27 de febrero, la víspera del inicio del conflicto, según The Japan Times. Los precios del crudo estadounidense WTI también se mantienen elevados. La Administración de Información Energética prevé que el Brent se mantenga por encima de 95 dólares el barril durante los próximos dos meses, antes de descender por debajo de los 80 dólares en el tercer trimestre de 2026, aunque supeditado al supuesto de una reanudación progresiva del tránsito por el estrecho.

El impacto en el consumidor estadounidense es ya tangible. Según la AAA, el precio medio nacional del galón de gasolina regular dio un salto de casi 35 centavos en una sola semana a mediados de marzo, y los analistas de JPMorgan Chase advirtieron, según NBC News, de que «las medidas políticas podrían tener un impacto limitado en los precios del petróleo a menos que se asegure el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz». Patrick De Haan, analista de GasBuddy, lo expresó con contundencia ante CBS News: la liberación de reservas es «como intentar reemplazar una tubería principal con una pajita», dada la magnitud del déficit diario de suministro.

El presidente Trump confirmó la decisión de recurrir a la Reserva Estratégica en una entrevista con WKRC Local 12 de Cincinnati, según recogió PBS: «Bueno, haremos eso y luego la rellenaremos.» La administración ha desplegado, además, un abanico de medidas complementarias para contener los precios: una exención temporal de 60 días de la Ley Jones para permitir que petroleros extranjeros transporten crudo dentro de las aguas estadounidenses, la flexibilización de sanciones sobre el petróleo ruso por un período de 30 días, y una exención temporal sobre 140 millones de barriles de crudo iraní ya embarcado, según informó Fortune.

La AIE estimó que el suministro energético mundial se ha reducido en torno a un 20%, siendo Asia la región más severamente afectada, particularmente por la pérdida de cargamentos de gas natural licuado procedentes de Qatar y los Emiratos, según PBS. La producción petrolera de los países del Golfo se ha recortado en 10 millones de barriles diarios por las restricciones de suministro, según las estimaciones de la agencia recogidas por CBS News. Esta es la sexta vez que los países miembros de la AIE ejecutan una acción colectiva de emergencia desde la fundación de la agencia en 1974; las anteriores se produjeron en 1991, 2005, 2011 y dos veces en 2022.

La liberación de 400 millones de barriles equivale, según señaló el presidente Macron, a aproximadamente 20 días de los flujos que normalmente transitarían por el estrecho de Ormuz — un cálculo que subraya tanto la ambición de la respuesta como sus limitaciones estructurales. Angie Gildea, directora global de petróleo y gas de KPMG, expresó a NPR la lógica subyacente: «Simplemente no hay sustituto para restaurar el acceso a través del estrecho de Ormuz. Las herramientas a nuestra disposición, incluidas las reservas estratégicas, la reorientación de algunas exportaciones y los inventarios flotantes, pueden proporcionar cierto alivio en los márgenes, pero no son soluciones estructurales.»

Para los Estados Unidos, la ecuación estratégica se despliega en múltiples niveles. Como mayor productor mundial de petróleo, la nación se beneficia de una posición de fortaleza relativa: la Administración de Información Energética proyecta que la producción de crudo estadounidense alcanzará una media de 13,6 millones de barriles diarios en 2026, estimulada precisamente por los precios elevados. El mercado de gas natural doméstico, protegido por la capacidad limitada de exportación y una producción récord de 110.000 millones de pies cúbicos diarios, permanece notablemente aislado de la volatilidad global, con el Henry Hub estable en un rango de entre 3,10 y 3,80 dólares por millón de BTU, según un análisis de Market Minute del 24 de marzo. Esta divergencia confiere a la industria manufacturera estadounidense — particularmente en sectores intensivos en energía — una ventaja competitiva sustancial frente a sus rivales europeos y asiáticos, cuyos precios de gas natural se han disparado.

La pregunta que los mercados no pueden responder la responderá el campo de batalla. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca efectivamente cerrado — mientras los aseguradores de Lloyd’s se nieguen a cubrir los tránsitos, mientras los operadores de buques rehuyan la vía marítima, mientras la infraestructura energética del Golfo siga bajo fuego —, ningún volumen de reservas estratégicas podrá sustituir la arteria que durante décadas bombeó un quinto de la sangre del sistema energético mundial. Las reservas son un puente; la cuestión es si existe una orilla al otro lado.