La euforia duró exactamente veinticuatro horas. El martes 24 de marzo, los mercados bursátiles de los Estados Unidos devolvieron buena parte de las ganancias registradas en la sesión anterior, después de que Irán negara categóricamente la existencia de negociaciones con Washington y los combates prosiguieran sin interrupción en todo Oriente Medio. Según la Associated Press, el S&P 500 cayó un 0,6 por ciento, devolviendo casi la mitad de su avance del lunes; el Dow Jones Industrial Average cedió 363 puntos, equivalentes a un 0,8 por ciento; y el Nasdaq Composite retrocedió un 0,5 por ciento.
El barril de crudo Brent, referencia internacional, subió un 3,5 por ciento hasta los 103,47 dólares, según datos de BNN Bloomberg citando a la Associated Press, apenas un día después de haberse desplomado más de un 10 por ciento. El West Texas Intermediate, referencia norteamericana, escaló un 4,12 por ciento hasta los 91,76 dólares por barril, según informó TheStreet. Fortune consignó que, a las 8:15 de la mañana hora del Este, el Brent se situaba en 102,47 dólares — 29,44 dólares por encima de su cotización un año atrás.
La causa inmediata del retroceso bursátil fue la evaporación del optimismo que el presidente Donald Trump había inyectado en los mercados el lunes, cuando anunció en redes sociales que los Estados Unidos e Irán habían mantenido conversaciones productivas orientadas a una resolución completa de las hostilidades en Oriente Medio, y ordenó un aplazamiento de cinco días en los ataques previstos contra la infraestructura energética iraní. El anuncio provocó una subida inmediata del S&P 500 de un 1,1 por ciento, su mejor jornada desde el inicio de la guerra, según la Associated Press.
Irán desautorizó esas afirmaciones con celeridad y contundencia. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, publicó en la plataforma X un desmentido inequívoco. Según Reuters, a través de Nikkei Asia, Qalibaf calificó las informaciones como un intento de manipular los mercados financieros y petroleros. NPR confirmó que el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní negó haber entablado conversaciones con los Estados Unidos, aunque reconoció haber recibido mensajes de países amigos de la región transmitiendo demandas estadounidenses de diálogo. NPR también confirmó que se encuentran en curso esfuerzos diplomáticos a través de canales indirectos, con Pakistán, Turquía y Egipto como intermediarios.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones iraníes, ha provocado la mayor perturbación de los mercados energéticos globales desde la crisis del embargo petrolero de 1973, según la Agencia Internacional de Energía. La Reserva Federal de Dallas señaló en un análisis publicado el 20 de marzo que el cierre del Estrecho de Ormuz equivale a retirar cerca del 20 por ciento del suministro global de petróleo, cuyos efectos afectan desproporcionadamente a las economías asiáticas. Irak y Kuwait comenzaron a recortar su producción a principios de marzo al saturarse la capacidad de almacenamiento local, según el mismo estudio.
Las compañías estadounidenses con altos costes de combustible encajaron el impacto con especial severidad. Según la Associated Press, United Airlines perdió un 2,7 por ciento y Norwegian Cruise Line Holdings cayó un 2,8 por ciento, invirtiendo exactamente las ganancias que ambas habían registrado el lunes. Las pérdidas del mercado habrían sido más pronunciadas de no ser por Smithfield Foods, cuyas acciones subieron un 4,7 por ciento tras publicar resultados trimestrales superiores a las expectativas de los analistas.
Joe Davis, economista jefe global de Vanguard, ofreció a TheStreet una evaluación que ilumina la dimensión estratégica de la coyuntura para la economía estadounidense. Davis señaló que la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos de interés la semana pasada refleja las tensiones entre las presiones inflacionarias derivadas del petróleo y las incertidumbres del ciclo económico. Según TheStreet, Davis identificó el precio del crudo como el indicador más importante y la mayor incógnita del panorama actual.
La perspectiva de una escalada sostenida en los precios del petróleo constituye una amenaza directa para los intereses económicos de los Estados Unidos y para la posición de sus consumidores. La Administración de Información Energética de los Estados Unidos prevé que el Brent se mantenga por encima de los 95 dólares por barril durante los próximos dos meses, antes de descender por debajo de los 80 dólares en el tercer trimestre de 2026, una proyección altamente dependiente de la duración del conflicto y de los cortes de producción asociados. Los analistas de Wood Mackenzie fueron más rotundos: según su análisis, los 200 dólares por barril no están fuera del ámbito de lo posible en 2026 si la guerra se prolonga y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado.
La magnitud de la dislocación del suministro carece de precedentes modernos. Según Wood Mackenzie, los países del Golfo producen en conjunto 20 millones de barriles diarios, y 15 millones de barriles de exportaciones han sido retirados del mercado global. La consultora indicó que la demanda mundial de petróleo, cifrada en 105 millones de barriles diarios, tendría que reducirse sustancialmente para equilibrar el mercado, lo cual requeriría que el Brent se sitúe al menos en los 150 dólares por barril en las próximas semanas.
En los mercados asiáticos, las bolsas habían registrado fuertes subidas en su primera oportunidad de reaccionar al anuncio de Trump. Según la Associated Press, el Hang Seng de Hong Kong saltó un 2,8 por ciento, el Kospi de Corea del Sur avanzó un 2,7 por ciento y el Nikkei 225 de Japón sumó un 1,4 por ciento. Los índices europeos, por su parte, mostraron movimientos mixtos: el CAC 40 francés ganó un 0,4 por ciento y el DAX alemán avanzó un 0,2 por ciento, según BNN Bloomberg.
El mercado de bonos del Tesoro de los Estados Unidos tampoco escapó a la presión. Según la Associated Press, los rendimientos de los bonos reanudaron su ascenso el martes, una dinámica que encarece las hipotecas y todo tipo de endeudamiento para hogares y empresas, y que presiona a la baja los precios de toda clase de activos. La importancia estratégica de los rendimientos del Tesoro no es menor: la volatilidad en el mercado de deuda fue uno de los factores que, según analistas, llevó a la Casa Blanca a moderar sus amenazas arancelarias globales durante el Día de la Liberación un año atrás.
Mientras tanto, en el plano de las operaciones militares, miles de Marines adicionales se dirigen al Golfo, según la Associated Press, y ambos bandos continúan lanzando intensas andanadas. Irán prosiguió con ataques de misiles contra objetivos en Israel, Kuwait, Bahréin y Arabia Saudí, según informó The Wall Street Journal a través de TheStreet. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica describió las declaraciones de Trump como operaciones psicológicas desgastadas, según Reuters.
Para los Estados Unidos, la situación plantea un dilema estratégico de primera magnitud. El país es hoy el mayor productor mundial de petróleo, y los altos precios del crudo generan beneficios extraordinarios para la industria energética estadounidense. La Administración de Información Energética prevé que la producción de crudo alcance los 13,6 millones de barriles diarios en 2026, al alza respecto de sus estimaciones anteriores. Pero esos mismos precios erosionan el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses y complican la tarea de la Reserva Federal, que debe gestionar simultáneamente presiones inflacionarias y riesgos de desaceleración económica.
El próximo punto de inflexión se sitúa el 28 de marzo, cuando expira la moratoria de cinco días en los ataques contra la infraestructura energética iraní que Trump anunció el lunes. Si esa fecha llega sin un avance diplomático tangible, los analistas advierten que los mercados podrían retornar rápidamente a los niveles de pánico registrados la semana pasada, cuando el Brent rozó los 120 dólares por barril. La república dispone, en su aparato militar, en su capacidad productora y en su Reserva Estratégica de Petróleo, de herramientas para gestionar esta crisis; la cuestión es si la diplomacia las hará innecesarias antes de que la economía global absorba un impacto que la Reserva Federal de Dallas estima en 2,9 puntos porcentuales de crecimiento del PIB mundial anualizado.