El presidente Donald Trump ordenó el lunes la suspensión durante cinco días de todos los ataques militares contra centrales eléctricas e infraestructura energética de Irán, horas antes de que expirase su propio ultimátum de cuarenta y ocho horas para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz. La decisión, anunciada en la plataforma Truth Social antes de la apertura de los mercados bursátiles estadounidenses, abre una ventana diplomática incierta en el vigésimo quinto día de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, un conflicto que ha sacudido los cimientos del orden energético mundial y que ha cobrado más de mil quinientas vidas solo en territorio iraní, según cifras preliminares recogidas por Al Jazeera.
En su declaración, Trump afirmó que Washington y Teherán habían mantenido en los dos días previos «conversaciones muy buenas y productivas respecto a una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio», según recogieron NBC News, NPR y la Associated Press. El presidente precisó a los periodistas congregados en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach que el enviado especial Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner habían estado en contacto con un dirigente iraní «muy respetado», aunque declinó identificarlo. «No quiero que lo maten», dijo Trump, según informó Axios, que citando a un funcionario israelí identificó al interlocutor como Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní.
La respuesta de Irán fue rotunda. Ghalibaf publicó en la red social X un desmentido categórico: «No se han celebrado negociaciones con Estados Unidos», escribió el presidente parlamentario, según recogieron Al Jazeera y CBS News. Calificó las afirmaciones estadounidenses de «noticias falsas» empleadas para «manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que están atrapados Estados Unidos e Israel». El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, declaró a la agencia IRNA que se habían recibido mensajes a través de «países amigos» sobre una solicitud estadounidense de negociaciones, pero negó que se hubiera producido diálogo alguno desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero.
Un alto funcionario de seguridad iraní declaró a la agencia semioficial Tasnim, según informó The National News, que «no ha habido negociaciones ni las hay, y con este tipo de guerra psicológica ni el estrecho de Ormuz volverá a sus condiciones previas a la guerra ni habrá paz en los mercados energéticos». Irán International, citando declaraciones del portavoz Baghaei ante IRNA, señaló que Teherán había respondido a los mensajes de los intermediarios en línea con sus «posiciones de principio» y había advertido de las «consecuencias severas» de cualquier ataque contra su infraestructura vital.
La divergencia entre ambas capitales sobre la existencia misma de un canal negociador no impidió que los mercados reaccionasen con alivio inmediato. Según NBC News y la Associated Press, el precio del crudo Brent cayó un 10,9 por ciento hasta situarse en 99,94 dólares por barril, cerrando por debajo de los cien dólares por primera vez desde el 11 de marzo. El crudo estadounidense WTI se desplomó inicialmente hasta los 84 dólares antes de estabilizarse en 88,13 dólares, un descenso del 10,3 por ciento respecto al cierre del viernes. En Wall Street, el S&P 500 subió 74,52 puntos hasta los 6.581, mientras que el Dow Jones Industrial Average avanzó 631 puntos hasta los 46.208,47 y el Nasdaq trepó un 1,4 por ciento, en lo que la AP describió como «un cauteloso alivio» tras semanas de volatilidad extrema.
Fortune cifró la reacción inicial del mercado bursátil en un incremento de 1,7 billones de dólares en capitalización en cuestión de minutos, ganancias que se redujeron a la mitad cuando los desmentidos iraníes comenzaron a circular. Los mercados asiáticos, que cerraron antes del anuncio de Trump, sufrieron pérdidas pronunciadas: el Kospi surcoreano cayó un 6,5 por ciento, el Nikkei japonés un 3,5 por ciento y el Hang Seng de Hong Kong otro 3,5 por ciento, según informó la AP. Los índices europeos invirtieron sus pérdidas matutinas tras el anuncio: el DAX alemán subió un 1,2 por ciento y el CAC 40 francés un 0,8 por ciento al cierre.
Detrás de la maniobra diplomática se perfila una red de mediación regional. Axios informó, citando una fuente familiarizada con las conversaciones, que Egipto, Pakistán y Turquía habían transmitido mensajes entre Washington y Teherán durante el fin de semana y que los cancilleres de los tres países mantuvieron conversaciones separadas tanto con Witkoff como con el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi. Un funcionario israelí indicó a Axios que los países mediadores intentaban organizar una reunión en Islamabad con Ghalibaf representando a Teherán y Witkoff, Kushner y posiblemente el vicepresidente Vance representando a Washington. El mismo funcionario israelí reconoció que Israel tenía conocimiento de comunicaciones indirectas entre Estados Unidos y Teherán pero se mostró sorprendido por la declaración pública de Trump.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habló por teléfono tanto con Trump como con el vicepresidente Vance el lunes, según Axios. Netanyahu declaró en un breve vídeo: «El presidente cree que existe la oportunidad de aprovechar los logros militares de la guerra para obtener todos los objetivos de la guerra mediante un acuerdo. Dicho acuerdo salvaguardará nuestros intereses», según recogieron Axios y Foreign Policy.
La suspensión llega en un momento de presión estratégica sin precedentes sobre los mercados energéticos globales. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, advirtió el lunes desde la tribuna del National Press Club de Australia en Canberra que la crisis energética desatada por la guerra supera la magnitud combinada de los dos choques petroleros de la década de 1970 y la perturbación causada por la invasión rusa de Ucrania. Según recogieron Fortune y Al Jazeera, Birol declaró que el cierre efectivo del estrecho de Ormuz y los ataques contra instalaciones energéticas habían reducido el suministro mundial de crudo en aproximadamente once millones de barriles diarios, más del doble de los diez millones perdidos durante las crisis de 1973 y 1979 combinadas.
Birol precisó que al menos cuarenta activos energéticos en nueve países de la región habían sufrido daños «severos o muy severos», según informaron Fortune y NPR. «La economía global enfrenta hoy una amenaza mayor, mayor», declaró Birol, añadiendo que «ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa en esta dirección». La AIE ya había coordinado el 11 de marzo la liberación de un récord de cuatrocientos millones de barriles de las reservas estratégicas de emergencia de sus países miembros, una medida que Birol calificó de paliativo temporal, no de solución.
En el frente político interno de Irán, la República Islámica procedió este martes a nombrar a Mohammad Bagher Zolghadr como nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, según informaron la agencia Anadolu, The National News y el Jerusalem Post. Zolghadr, general de brigada retirado de la Guardia Revolucionaria y exviceministro del Interior para asuntos de seguridad, reemplaza a Ali Larijani, asesinado en un ataque israelí el 17 de marzo junto con su hijo Morteza, según confirmó en su momento el propio Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní a través de medios estatales. Larijani era considerado el líder de facto de Irán desde el asesinato del líder supremo Ali Jamenei el primer día de la guerra, el 28 de febrero, según reportaron la AP, CBS News y Al Jazeera.
El nombramiento de Zolghadr —un veterano de la Guardia Revolucionaria que se encuentra bajo sanciones de Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea— señala, según The National News, un endurecimiento del aparato de seguridad iraní en un momento en que el régimen opera bajo una presión existencial. Analistas citados por Al Bawaba y HUM News interpretan la designación como una consolidación del dominio del Cuerpo de Guardianes de la Revolución sobre la toma de decisiones estratégicas, reduciendo el espacio para figuras más pragmáticas.
La guerra, que comenzó el 28 de febrero con ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos nucleares, militares y de infraestructura en Irán, ha provocado según las cifras más recientes de Al Jazeera al menos mil quinientas muertes en Irán, dieciocho en Israel, trece militares estadounidenses y veintiuna en estados del Golfo. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica amenazó el lunes con atacar centrales eléctricas en Israel y en los países que albergan bases estadounidenses si Washington cumplía su amenaza contra la infraestructura energética iraní, mientras que el Consejo de Defensa de Irán advirtió que cualquier ataque a su costa meridional o islas provocaría el minado de las rutas marítimas del Golfo, según NPR y Al Jazeera.
Los cinco días que Trump ha concedido constituyen el primer indicio público de que la Administración contempla una salida negociada al conflicto. Si la ventana se cierra sin acuerdo, la amenaza de destruir la capacidad eléctrica iraní —que Trump cifró el 11 de marzo en «una hora» para desmantelarla y «veinticinco años» para reconstruirla, según el Detroit News— volvería a la mesa. Para los intereses estadounidenses, la ecuación es nítida: la guerra ha impuesto costes energéticos devastadores a la economía doméstica y a la de los aliados, y la reapertura del estrecho de Ormuz —por el que transitaba una quinta parte del petróleo mundial— se ha convertido en un imperativo económico de primer orden. La diplomacia, si es que existe más allá de los mensajes transmitidos por intermediarios, tiene ahora un plazo: cinco días para demostrar que la presión militar puede traducirse en resultados estratégicos sin necesidad de escalar hacia una destrucción de consecuencias incalculables.