El papa León XIV declaró el lunes que los bombardeos aéreos deberían haber sido proscritos de la faz de la tierra tras las catástrofes del siglo XX, en lo que constituye su condena más amplia y doctrinalmente ambiciosa del uso del poder aéreo en la guerra desde el inicio de la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán hace ya cuatro semanas. Las palabras del pontífice, pronunciadas ante una delegación de ejecutivos y personal de ITA Airways y del Grupo Lufthansa en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, trascendieron el llamamiento coyuntural al alto el fuego para formular un juicio moral de carácter permanente sobre la naturaleza misma de la guerra aérea.
«Tras las trágicas experiencias del siglo XX, los bombardeos aéreos deberían haberse prohibido para siempre», dijo el papa, según el texto oficial publicado por la Santa Sede. «Sin embargo, siguen existiendo, y el desarrollo tecnológico, positivo en sí mismo, se pone al servicio de la guerra. Esto no es progreso, ¡es regresión!» El pontífice añadió que «los aviones deben ser siempre portadores de paz, nunca de guerra» y que «nadie debería temer que amenazas de muerte y destrucción vengan del cielo», según reportó Reuters desde Ciudad del Vaticano.
León XIV —nacido Robert Francis Prevost en Chicago, Illinois, el 14 de septiembre de 1955, y elegido 267.º obispo de Roma el 8 de mayo de 2025— no mencionó explícitamente el conflicto con Irán durante la audiencia del lunes. No necesitaba hacerlo. La campaña militar estadounidense-israelí, bautizada por Washington como Operación Epic Fury y por Jerusalén como Roaring Lion, se inició el 28 de febrero de 2026 con cerca de novecientos ataques aéreos en doce horas contra instalaciones nucleares, infraestructura militar y puestos de mando iraníes, según documentó Britannica. El conflicto, que ha dejado ya más de 1.400 muertos en Irán —entre ellos al menos 204 menores, según informó Al Jazeera—, ha generado una espiral de represalias iraníes con misiles y drones contra bases estadounidenses e israelíes en toda la región y una perturbación severa de las rutas energéticas globales a través del Estrecho de Ormuz.
El escenario elegido por el papa para su pronunciamiento no fue accidental. ITA Airways, controlada por el Grupo Lufthansa y sucesora de la extinta Alitalia, es la aerolínea que transporta al pontífice en sus viajes apostólicos internacionales, una tradición que se remonta al vuelo de San Pablo VI a Tierra Santa en 1964, según informó Vatican News. León XIV recordó ante los presentes que la misma compañía lo trasladará en veinte días a su viaje a África, que según ACI Prensa comenzará el 13 de abril con destino a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, un periplo que requerirá más de veinte vuelos entre los distintos países. Convertir un acto de cortesía institucional con una línea aérea en una tribuna contra la guerra aérea revela una intencionalidad retórica que los observadores vaticanos no pasaron por alto.
Las palabras del lunes se inscriben en un patrón sostenido de intervención papal desde el estallido del conflicto. El 1 de marzo, durante el rezo del Ángelus, León XIV pidió que «el estruendo de las bombas» cesara y que «las armas enmudezcan», según registró The Letters from Leo. El fin de semana previo a la audiencia con ITA Airways, el pontífice elevó el tono. El domingo 22 de marzo, desde la ventana del Palacio Apostólico que da a la Plaza de San Pedro, calificó la guerra como «un escándalo para toda la familia humana» y renovó su exigencia de un alto el fuego inmediato, según reportó Reuters. «No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas, víctimas indefensas de estos conflictos. Lo que les hiere, hiere a toda la humanidad», declaró entonces, según cubrió el National Catholic Reporter.
Lo que distingue la declaración del lunes de los llamamientos anteriores es su alcance: León XIV no se limitó a pedir la detención de un conflicto concreto, sino que formuló una tesis moral de aplicación universal sobre la guerra aérea. El Washington Examiner señaló que el pontífice argumentó que los bombardeos aéreos «deberían haber sido proscritos hace mucho tiempo», invocando las destrucciones del siglo XX como precedente irreversible. Al situar su condena en el marco de la historia —Dresde, Hiroshima, Guernica, los bombardeos incendiarios de Tokio—, el papa recurrió a una tradición de enseñanza social católica que se remonta al Concilio Vaticano II, cuyo documento Gaudium et Spes de 1965 declaró que «todo acto de guerra dirigido indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo», según recordó Antiwar.com.
La tensión entre el Vaticano y la Casa Blanca sobre este conflicto se ha hecho explícita. Preguntado sobre los llamamientos papales al alto el fuego, el presidente Trump respondió con franqueza, según Zenit: «Podemos hablar, pero no quiero un alto el fuego.» Trump argumentó que la capacidad militar iraní había sido «efectivamente desmantelada» y que detener las operaciones sería prematuro, una posición que el Washington Examiner describió como un cálculo estratégico en tensión directa con el marco moral vaticano. El presidente estadounidense ha rechazado en al menos tres ocasiones las exhortaciones del pontífice desde el inicio del conflicto.
Para Washington, la campaña contra Irán persigue objetivos de seguridad nacional que la administración Trump ha definido con claridad: la degradación completa de la capacidad misilística iraní, la destrucción de su base industrial de defensa, la eliminación de su marina y fuerza aérea, y la garantía de que Teherán no acceda jamás al armamento nuclear, según detalló Al Jazeera. Son objetivos que la arquitectura de defensa estadounidense ha perseguido durante décadas a través de la disuasión y la diplomacia, y que la administración actual decidió abordar mediante la acción militar directa tras concluir, junto con Israel, que la vía diplomática estaba agotada. La posición estratégica de Estados Unidos en Oriente Medio —y la protección de sus aliados regionales, incluidos Israel, Arabia Saudita, Bahréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos— constituye el eje sobre el cual gira la decisión operativa.
La singular posición de León XIV —primer papa nacido en Estados Unidos, misionero agustino que pasó dos décadas en Perú, canonista y matemático por formación— confiere a sus palabras una resonancia sin precedente en la relación entre la Santa Sede y Washington. Según Vatican News, fue elegido pontífice en uno de los cónclaves más rápidos de la historia moderna, tras la muerte de Francisco el 21 de abril de 2025. Desde su elección, ha situado la oposición a la guerra como eje central de su pontificado. En enero de 2026, en su primera alocución al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, advirtió de que «la guerra ha vuelto a ponerse de moda y un fervor bélico se está extendiendo», según informó Africa Today News New York.
El pontífice también ha dirigido sus interpelaciones a la conciencia de los líderes cristianos involucrados en decisiones bélicas. Según informó Antiwar.com, León XIV sugirió que los responsables cristianos de iniciar guerras deberían «examinar su conciencia e ir a confesarse», un comentario que fue ampliamente interpretado como dirigido a la administración Trump. El cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, declaró públicamente que la guerra contra Irán «no es moralmente legítima» según la doctrina católica, según The Letters from Leo.
El texto oficial del discurso del lunes, publicado íntegramente por vatican.va, concluye con una exhortación que sintetiza la posición papal: «En nuestro escenario actual, se hace aún más importante trazar rutas de paz en los cielos.» La frase opera en dos registros simultáneos: como agradecimiento a la aerolínea que lo transportará a África y como condena implícita del uso de esos mismos cielos para llevar destrucción a poblaciones civiles. Es una construcción retórica deliberada, propia de un pontífice que entiende que la autoridad moral se ejerce con precisión lingüística, no con volumen.
El conflicto en Irán, entretanto, no muestra señales de desaceleración. Las declaraciones contradictorias de la Casa Blanca —Trump ha alternado entre anunciar que las operaciones se aproximan a su fin y autorizar nuevas escaladas— han generado incertidumbre sobre la trayectoria real de la campaña, según documentó Al Jazeera. Irán ha logrado mantener su capacidad de represalia pese a semanas de bombardeos, y el bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo a niveles que amenazan con desencadenar una recesión global. Pakistán se ha ofrecido como anfitrión de negociaciones, según la Associated Press.
En este contexto, las palabras de León XIV no son las de un observador distante. Son las de un ciudadano estadounidense que ocupa la cátedra de Pedro y que ha decidido que el silencio ante la destrucción aérea no es compatible con la misión que le fue encomendada el 8 de mayo de 2025. Que el presidente de Estados Unidos escuche o no al primer papa americano de la historia es una decisión que pertenece a la esfera política. Que el papa hable, pertenece a la esfera de la conciencia. Y el lunes, en la Sala Clementina, habló.