El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, ha prometido consolidar de forma irreversible el estatus de su país como potencia nuclear, mantener una postura intransigente hacia Corea del Sur —a la que designó como el estado «más hostil»— y desempeñar un papel más combativo en un frente unido contra Washington, según informaron este martes los medios estatales norcoreanos a través de la agencia oficial KCNA, en un despacho recogido por la Associated Press, NPR, NBC News y Reuters.
El discurso, pronunciado el lunes 23 de marzo ante la primera sesión de la decimoquinta legislatura de la Asamblea Popular Suprema en Pyongyang, constituye la declaración de política más extensa del régimen norcoreano en lo que va de 2026 y plantea un desafío directo al andamiaje de no proliferación que los Estados Unidos han sostenido durante décadas en la península coreana y más allá.
«La dignidad de la nación, su interés nacional y su victoria final solo pueden ser garantizados por el más fuerte de los poderes», declaró Kim, según la traducción difundida por KCNA y citada por la Associated Press. El dirigente norcoreano añadió que «el gobierno de nuestra república continuará consolidando nuestro estatus absolutamente irreversible como potencia nuclear y librará agresivamente una lucha contra las fuerzas hostiles para aplastar sus provocaciones y esquemas».
Kim expresó orgullo por lo que describió como la «rápida expansión» de armas nucleares y misiles en años recientes, calificándola como la decisión «correcta» para contrarrestar amenazas futuras y las «aspiraciones hegemónicas» de imperialistas «matoneros», término que Pyongyang emplea habitualmente para referirse a los Estados Unidos y sus aliados, según señaló NPR en su cobertura del discurso.
En un pasaje de marcado tono antiestadounidense, Kim acusó a los Estados Unidos de cometer «terrorismo y agresión de Estado global», en lo que la Associated Press y NBC News interpretan como una referencia aparente a la guerra en Oriente Medio. Según NBC News, Kim afirmó que Corea del Norte desempeñará un papel más enérgico en un frente unido contra Washington en medio de un creciente sentimiento antiestadounidense. No obstante, varios analistas citados por las agencias notaron que Kim se abstuvo de nombrar directamente al presidente Trump, lo que algunos interpretan como un cálculo deliberado para no cerrar la puerta a una eventual reanudación del diálogo.
La Asamblea Popular Suprema, que concluyó su sesión de dos días el lunes, aprobó una constitución revisada, aunque los medios estatales no especificaron el contenido de las enmiendas, según reportó la Associated Press a través de ABC News. Existían expectativas entre los analistas de que las revisiones codificarían a Corea del Sur como enemigo permanente y eliminarían las referencias a una nacionalidad compartida entre las dos Coreas. El Korea Times citó al profesor Koh Yu-hwan, de la Universidad Dongguk, quien afirmó que la designación del Sur como estado «hostil» pone fin efectivo al marco de «relaciones provisionales especiales» que rigió los vínculos intercoreanos desde 1991.
Reuters informó que los legisladores aprobaron además el presupuesto estatal de 2026, que destina el 15,8 por ciento del gasto total a defensa, con fondos explícitamente asignados a la expansión de la disuasión nuclear y las capacidades bélicas. Kim rechazó categóricamente la idea de que el desarme nuclear pudiera intercambiarse por beneficios económicos o garantías de seguridad, según Reuters, y sostuvo que Corea del Norte ya ha demostrado que mantener fuerzas nucleares mientras se persigue el desarrollo económico es la decisión estratégica correcta.
La postura de Kim se inscribe en una línea de endurecimiento sostenido desde 2024, cuando declaró que el Norte abandonaría su objetivo histórico de reunificación pacífica con el Sur. Según el Seoul Economic Daily, Kim empleó la expresión «designar oficialmente» a Corea del Sur como el estado más hostil, lo que ha suscitado especulaciones sobre si la constitución enmendada formaliza jurídicamente ese estatus. Analistas consultados por esa publicación interpretaron la ambigüedad como un intento de mantener margen de maniobra ante un entorno geopolítico incierto.
El discurso no puede evaluarse sin atención al contexto militar más amplio del régimen. Kim ha priorizado de manera inequívoca su relación con Rusia. Según la agencia de inteligencia de defensa de Corea del Sur, citada por The Defense Post, Pyongyang ha enviado aproximadamente 33.000 contenedores de suministros militares a Moscú, incluyendo municiones estimadas en más de 15 millones de proyectiles de artillería de 152 milímetros, así como piezas de artillería autopropulsada y sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes. El Kyiv Independent, citando a la inteligencia surcoreana, reportó que a principios de 2026 unos 11.000 soldados norcoreanos permanecían estacionados en la óblast de Kursk, en Rusia, para apoyar las operaciones de Moscú en la guerra contra Ucrania.
El Council on Foreign Relations estimó que, desde el otoño de 2024, Corea del Norte ha enviado entre catorce mil y quince mil soldados para combatir junto a las tropas rusas, y que Pyongyang proporciona aproximadamente la mitad de los proyectiles de artillería utilizados por Rusia, según estimaciones de la inteligencia militar ucraniana. A cambio, según esa misma fuente, Pyongyang ha podido modernizar su aparato militar soviético ya obsoleto, consolidando una relación transaccional que beneficia a ambas partes del eje autoritario.
De cara al futuro, algunos analistas citados por NPR consideran que Kim podría intentar mantener abiertas sus opciones adoptando un enfoque más calibrado hacia Washington para preservar la posibilidad de un diálogo futuro, con el objetivo a largo plazo de obtener un alivio de las sanciones estadounidenses y un reconocimiento tácito como estado nuclear. Sin embargo, otros expertos, también citados por NPR, estiman que los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán y la eliminación del anterior líder supremo de Teherán podrían haber elevado el umbral de Kim para reanudar cualquier conversación con Washington.
En un hecho diplomático paralelo, los medios estatales norcoreanos anunciaron que el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, visitará Corea del Norte por invitación de Kim. Según NK News y la agencia estatal rusa TASS, citada por el Korea Times, la visita se realizará los días 25 y 26 de marzo, constituyendo el primer desplazamiento de Lukashenko a Pyongyang. La oficina presidencial bielorrusa indicó que los líderes discutirán la gama completa de relaciones bilaterales e identificarán proyectos de cooperación.
La Asamblea Popular Suprema también reeligió formalmente a Kim Jong Un como presidente de Asuntos de Estado el 22 de marzo, según informó la agencia estatal KCNA a través de Xinhua y el South China Morning Post. Jo Yong-won fue elegido presidente del Comité Permanente de la Asamblea, y Pak Thae Song fue designado primer ministro del Gabinete, en una reconfiguración de la cúpula que refuerza el control del círculo más cercano de Kim sobre las instituciones del Estado.
Para los Estados Unidos, el mensaje de Pyongyang es inequívoco en su desafío: un régimen que se declara potencia nuclear irreversible, que arma activamente a un adversario de Washington en Europa, que se alinea con el bloque autocrático de Moscú y Minsk, y que instrumentaliza la guerra en Oriente Medio como justificación retórica para su propio programa armamentístico. La arquitectura de seguridad estadounidense en el Indo-Pacífico — sostenida por las alianzas con Corea del Sur, Japón y Australia — enfrenta en las palabras de Kim no una mera provocación retórica, sino la codificación formal de una postura de confrontación permanente. La respuesta a ese desafío, como siempre en la península coreana, requerirá la clase de firmeza estratégica y paciencia disuasoria que han definido la presencia estadounidense en la región durante más de siete décadas.