El lienzo más célebre del siglo XX se ha convertido, una vez más, en el campo de batalla donde se dirimen las tensiones irresueltas de la democracia española. El Guernica de Pablo Picasso — óleo monumental de 349,3 por 776,6 centímetros que ocupa la sala 205 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía desde 1992 — es objeto de una disputa política y cultural que enfrenta al Gobierno regional del País Vasco con las instituciones del Estado, con el propio museo madrileño y con buena parte de la opinión pública de España.

El lehendakari Imanol Pradales intensificó el domingo 6 de abril, durante el acto central del Aberri Eguna en la Plaza Nueva de Bilbao, su exigencia de que el Gobierno español demuestre «valentía política» para autorizar el traslado temporal del cuadro al Museo Guggenheim Bilbao. Según informó la agencia EFE, Pradales reclamó ante los congregados una respuesta inequívoca del presidente Pedro Sánchez y comparó la operación con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, planteando una pregunta retórica que ha reverberado en toda la prensa española.

La petición formal, trasladada semanas antes por la vicelehendakari primera y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, al ministro de Cultura Ernest Urtasun, solicita que la obra sea exhibida en Bilbao entre el 1 de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027. Según Euronews, ARTnews y múltiples fuentes, el período propuesto coincide con el nonagésimo aniversario tanto de la constitución del primer Gobierno vasco — presidido por el lehendakari José Antonio Aguirre — como del bombardeo de la villa de Gernika perpetrado el 26 de abril de 1937 por la Legión Cóndor alemana y la aviación fascista italiana al servicio de los sublevados contra la República.

La respuesta de la pinacoteca madrileña ha sido taxativa. El Departamento de Conservación-Restauración del Museo Reina Sofía publicó el 25 de marzo un informe de dieciséis páginas que, según recogió EFE, «desaconseja rotundamente» cualquier traslado. El documento, acompañado de mapas de daños e imágenes de ultra alta resolución, advierte de que las vibraciones inherentes al transporte de obras de gran formato «podrían generar nuevas grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarros en el soporte». El informe detalla que el lienzo — una sola pieza sin costuras, con urdimbre de lino y trama de yute, trabajada con sucesivas capas de pintura de densidad heterogénea — presenta ya craquelados, microfisuras, pérdidas de policromía y lagunas pictóricas derivados de sus décadas de itinerancia por Europa y los Estados Unidos.

La fragilidad estructural del Guernica no es un descubrimiento reciente. Según el propio informe del museo, los tratamientos de restauración a los que fue sometida la obra entre 1943 y 1957 en el Museum of Modern Art de Nueva York — incluida una consolidación con cera-resina aplicada por el reverso — respondieron a deterioros causados por los traslados. Tras un tour por los Estados Unidos posterior a la intervención de 1957, los conservadores del MoMA decidieron que la pintura no volvería a moverse hasta su regreso a España, según consigna Infobae citando fuentes de Europa Press. La obra llegó al aeropuerto de Barajas el 10 de septiembre de 1981, fue instalada primero en el Casón del Buen Retiro y trasladada al Reina Sofía en 1992. No ha vuelto a desplazarse desde entonces.

Pero el Gobierno vasco ha rechazado el encuadre exclusivamente técnico de la cuestión. Bengoetxea declaró que la solicitud vasca no pedía un dictamen sobre el estado de conservación, sino un análisis sobre las condiciones bajo las cuales sería posible ejecutar un traslado seguro, según informó Euronews. La consejera calificó de «grave» que una petición formal de un Gobierno autonómico se despachara a través de la prensa sin una respuesta oficial ni un estudio técnico actualizado a las capacidades tecnológicas de 2026.

La ofensiva parlamentaria del Partido Nacionalista Vasco ha escalado con rapidez. Según el diario Deia y Noticias de Gipuzkoa, el senador del PNV Igotz López llevará este martes al pleno de control del Senado una pregunta dirigida al ministro Urtasun sobre por qué se niega a estudiar las condiciones necesarias para materializar el préstamo. El PNV modificó una pregunta previamente registrada sobre la Ley del Sector Eléctrico para sustituirla por esta interpelación sobre el Guernica. Los jeltzales reclaman que el Ministerio elabore «un informe posibilista, excepcional y de alto nivel, que analice si existen condiciones, medios técnicos y garantías para una cesión temporal y extraordinaria, desde una voluntad política compartida».

El contexto político confiere a la disputa una densidad que trasciende lo museológico. Según informó The Times de Londres y recogió ARTnews, Sánchez encabeza un Gobierno de coalición minoritaria que depende del apoyo parlamentario de dos partidos nacionalistas vascos, entre ellos el PNV. Pradales advirtió al presidente en la Moncloa de que cerrar la puerta a esta cuestión sería «un grave error político», y las conversaciones entre ambos ejecutivos han sido postergadas hasta después de Semana Santa.

En el flanco opuesto, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, calificó las pretensiones del PNV de «ciegas, absurdas y catetas», según informó Infobae citando a Europa Press. El vicesecretario de Economía del PP, Juan Bravo, señaló que si los expertos desaconsejan el traslado, «los políticos tienen poco más que opinar». Desde el entorno de Sumar, el partido al que pertenece el propio ministro Urtasun, la diputada de Más Madrid Manuela Bergerot intervino también en el debate, según recogió Deia.

El Museo Reina Sofía mantiene un historial consistente de negativas. Según un reportaje de Euronews, el Patronato rechazó la cesión para la inauguración del Guggenheim de Bilbao en 1997, denegó una petición del MoMA de Nueva York en el año 2000, otra del Royal Ontario Museum de Canadá en 2006, del Gobierno vasco en 2007, de una cadena televisiva japonesa en 2009 y de un museo surcoreano en 2012. Ninguna de aquellas negativas generó una crisis de esta magnitud. El Patronato ha equiparado el valor del Guernica para la institución al de la Gioconda en el Louvre, considerándolo un elemento «irremplazable» en su discurso expositivo.

La familia de Picasso ha cerrado filas con el criterio conservacionista. Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista, ha declarado en diferentes ocasiones que el préstamo del Guernica «sería una locura» y que «el estado de la tela deja claro que el cuadro no puede viajar», según recogió OKDiario.

Para los observadores estadounidenses del patrimonio cultural occidental, la disputa ilustra una tensión familiar: la colisión entre la preservación de obras de importancia civilizatoria y las reivindicaciones políticas territoriales que reclaman jurisdicción simbólica sobre ellas. El Guernica fue adquirido por el Estado español al propio Picasso en 1937. Su custodia en el MoMA de Nueva York durante más de cuatro décadas — un acuerdo entre el artista y la institución neoyorquina, mantenido hasta que la democracia fuera restaurada en España — constituye uno de los episodios más extraordinarios de la diplomacia cultural del siglo XX. Que Estados Unidos custodiara la obra durante el franquismo y la restituyera a la España democrática en 1981 fue un acto que honró la alianza entre la república española legítima y las democracias occidentales.

El lienzo pintado por Picasso entre el 1 de mayo y el 4 de junio de 1937 en París sigue siendo, casi noventa años después de su ejecución, no solo el alegato antibélico más poderoso del arte moderno, sino un objeto cuya materialidad misma — esa tela frágil, esos craquelados que recorren el cuello del caballo, esas lagunas pictóricas donde la pintura ha cedido al tiempo — atestigua el precio que la civilización paga por la guerra. Que su destino lo decidan ahora los aritmáticos del Congreso español es, para algunos, la paradoja suprema; para otros, la prueba de que las grandes obras de arte no dejan nunca de ser campos de batalla.

El ministro Urtasun no ha dado señales públicas de acceder a la elaboración del informe posibilista que reclama el PNV, según informó Deia. Las conversaciones se retomarán previsiblemente tras la Semana Santa. La decisión final, si llega, corresponderá en última instancia al Gobierno de España.