El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, declaró el lunes ante el Club Nacional de Prensa de Australia que la crisis energética desencadenada por el conflicto en Oriente Medio ha superado, en magnitud combinada, los dos grandes shocks petroleros de la década de los setenta y la contracción gasística provocada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. La gravedad de la advertencia —pronunciada en Canberra ante un auditorio de analistas y corresponsales internacionales— no admite atenuación retórica: el suministro energético del que depende la arquitectura económica global se encuentra sometido a una presión sin precedentes documentados.

Según Fortune, Birol detalló que las crisis petroleras de 1973 y 1979 sustrajeron del mercado unos cinco millones de barriles diarios cada una, para un total de diez millones. «And today, only as of today, we lost 11 million barrels per day, so more than two major oil shocks put together», afirmó el responsable de la AIE. La cifra de once millones de barriles diarios perdidos supera, pues, la suma de ambas perturbaciones históricas que provocaron recesiones en todo el mundo industrializado.

Birol amplió la escala del diagnóstico al sector del gas natural. Según Al Jazeera y Fortune, el director ejecutivo señaló que tras la invasión rusa de Ucrania los mercados gasísticos —particularmente en Europa— perdieron unos 75.000 millones de metros cúbicos, mientras que la crisis actual ha sustraído 140.000 millones de metros cúbicos, cifra casi del doble. «This crisis, as things stand, is now two oil crises and one gas crash put all together», declaró Birol en lo que constituyó su primera comparecencia pública prolongada desde que comenzó la crisis hace tres semanas.

La destrucción de infraestructura energética en la región resulta igualmente severa. Según informó Fortune citando declaraciones directas del responsable de la AIE, cuarenta activos energéticos distribuidos en nueve países —campos petroleros, yacimientos de gas, refinerías y oleoductos— han sufrido daños graves o muy graves. Birol advirtió que la restauración de esos activos a su capacidad previa al conflicto requerirá un plazo considerable incluso después de que cesen las hostilidades, lo que prolonga la presión sobre los precios más allá de cualquier acuerdo de alto el fuego.

El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz —arteria por la que transita aproximadamente el veinte por ciento del consumo mundial de petróleo, según la propia AIE— constituye el factor estructural de la crisis. Según Reuters, el tráfico marítimo por la vía navegable se ha reducido a un goteo tras los ataques iraníes contra buques en el marco del conflicto con los Estados Unidos e Israel. Birol subrayó que la reapertura del Estrecho es la «única solución duradera» y que las liberaciones de reservas estratégicas, por masivas que sean, constituyen únicamente un paliativo temporal.

Los mercados bursátiles asiáticos tradujeron esa evaluación en una jornada de pérdidas generalizadas y, en algunos casos, históricas. Según The British Eye y múltiples fuentes financieras, el KOSPI surcoreano se desplomó un 6,5 por ciento, convirtiéndose en el peor índice de la región. Invezz informó que la caída activó un interruptor de circuito —un mecanismo de suspensión automática de las operaciones— tras un descenso superior al cinco por ciento en los futuros del KOSPI 200, intervención excepcional que capturó la velocidad del desplome. El Nikkei 225 japonés cedió un 3,5 por ciento hasta los 51.515 puntos, según The Japan Times, registrando en un momento de la sesión una caída de más de 2.000 puntos. El Hang Seng de Hong Kong perdió un 3,41 por ciento, mientras que el BSE Sensex de la India cerró con un descenso de 1.837 puntos —un 2,46 por ciento— hasta los 72.696 puntos, según Trading Economics, su nivel más bajo desde mayo de 2024.

La vulnerabilidad de las economías del Asia-Pacífico obedece a razones estructurales que este shock ha expuesto con particular crudeza. Japón importa del Golfo Pérsico más del noventa por ciento de su petróleo, y una proporción sustancial transita por Ormuz, según Invezz. Corea del Sur, cuya economía orientada a la exportación depende críticamente de insumos energéticos importados, ha visto al won debilitarse más allá de las 1.500 unidades por dólar por primera vez desde la crisis financiera mundial, según KED Global. El gobierno del presidente Lee Jae Myung anunció la imposición de un techo de precios sobre los productos petrolíferos, según Fortune.

Los gobiernos del sudeste asiático y el sur de Asia han adoptado medidas de emergencia que transforman la vida cotidiana de cientos de millones de personas. Según la comunicación oficial de la Presidencia de Filipinas, el presidente Ferdinand Marcos Jr. ordenó la implementación temporal de una semana laboral de cuatro días en oficinas del poder ejecutivo a partir del 9 de marzo, junto con la suspensión de viajes no esenciales y directrices de reducción del consumo energético entre un diez y un veinte por ciento. En Vietnam, según Fortune y Al Jazeera, el Ministerio de Industria y Comercio instó a los empleadores a permitir el teletrabajo para reducir las necesidades de transporte y consumo de combustible. Sri Lanka, según Fortune y la BBC, declaró cada miércoles festivo a partir del 18 de marzo para instituciones públicas, escuelas, universidades y tribunales, una medida adoptada tras una reunión de emergencia convocada por el presidente Anura Kumara Dissanayake, con reservas de combustible estimadas en apenas seis semanas.

La respuesta no se ha limitado a Asia. En Londres, según Press Association, el primer ministro Keir Starmer convocó una reunión de emergencia del comité COBRA para el lunes, a la que acudieron la canciller Rachel Reeves, la secretaria de Asuntos Exteriores Yvette Cooper, el secretario de Energía Ed Miliband y el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey. La reunión, celebrada tras una conversación telefónica de veinte minutos entre Starmer y el presidente Trump el domingo por la noche —descrita por fuentes como «constructiva»— se centró en la seguridad energética, la resiliencia de las cadenas de suministro y la respuesta internacional. El director ejecutivo de Centrica, propietaria de British Gas, advirtió que las subidas de precios eran «inescapables» con un suministro global reducido en un veinte por ciento.

En el plano diplomático, la disputa por la libertad de navegación en Ormuz ha cristalizado en dos textos rivales ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Según Reuters, Bahréin presentó un borrador de resolución —respaldado por otros estados árabes del Golfo y los Estados Unidos— que autorizaría a los países miembros a emplear «todos los medios necesarios», lenguaje diplomático que equivale al uso de la fuerza, para proteger la navegación comercial en el Estrecho y sus aguas circundantes, incluidas las aguas territoriales de los estados ribereños. El texto, formulado bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, exige a Irán el cese inmediato de todos los ataques contra buques mercantes y cualquier intento de impedir la libertad de navegación.

Francia, por su parte, hizo circular esa misma noche del lunes un texto alternativo de tono más conciliatorio, según Reuters. La resolución francesa no menciona a Irán por nombre y no se acoge al Capítulo VII. En lugar de autorizar el uso de la fuerza, alienta a los estados con intereses en las rutas marítimas comerciales del Estrecho a coordinar esfuerzos estrictamente defensivos para garantizar la seguridad de la navegación, incluida la escolta de buques mercantes, en pleno respeto del derecho internacional. El presidente Emmanuel Macron, según Defense News, ha rechazado participar en operaciones inmediatas para asegurar el Estrecho, sosteniendo que cualquier esfuerzo internacional solo podría materializarse una vez que las hostilidades se calmen y con el consentimiento de Irán.

Diplomáticos europeos y occidentales consultados por Reuters expresaron escepticismo sobre la viabilidad de la resolución bahreiní, dado que Rusia y China —aliados de Irán con poder de veto en el Consejo— probablemente bloquearían el texto si fuera necesario. Una resolución requiere al menos nueve votos a favor y ningún veto de los cinco miembros permanentes para ser adoptada por el órgano de quince miembros.

La AIE ha desplegado ya el mayor instrumento de emergencia de su historia. Según la propia agencia, sus países miembros acordaron el 11 de marzo liberar 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas, la mayor extracción coordinada jamás realizada, equivalente a aproximadamente el veinte por ciento de las reservas totales. Birol indicó que la agencia se encuentra en consultas con gobiernos de Asia y Europa sobre la posibilidad de liberar reservas adicionales si las condiciones lo requieren, pero subrayó que la liberación de reservas «will help to comfort the markets, but this is not the solution», según Morocco World News.

El Brent, referencia internacional del crudo, ha registrado una volatilidad extrema. Según múltiples fuentes, el barril superó los 110 dólares el lunes antes de retroceder aproximadamente un diez por ciento tras el anuncio del presidente Trump de que los Estados Unidos se encontraban en conversaciones con Irán y suspenderían durante cinco días los ataques contra la infraestructura energética iraní. Fortune situó el precio en torno a los 102 dólares al mediodía. Teherán, no obstante, negó que existiera diálogo alguno con Washington, según NPR.

Para los Estados Unidos, la crisis presenta una ecuación estratégica de doble filo. La nación es sustancialmente menos dependiente del petróleo del Golfo Pérsico que las economías asiáticas y europeas, una posición de fortaleza que el presidente Trump ha subrayado públicamente. Pero la perturbación de las cadenas de suministro globales —desde petroquímicos hasta fertilizantes, azufre y helio, según Birol— amenaza con generar presiones inflacionarias que afectarían a la economía estadounidense y complicarían la postura de la Reserva Federal. La liberación coordinada de reservas estratégicas y la diplomacia energética activa de la AIE, organismo cuya sede se encuentra en París pero cuya existencia fue concebida bajo liderazgo estadounidense precisamente para afrontar crisis de esta naturaleza, constituyen la primera línea de defensa de un orden energético internacional que los Estados Unidos construyeron y del que son garantes últimos.

«The global economy is facing a major, major threat today», declaró Birol en Canberra. «No country will be immune to the effects of this crisis if it continues to go in this direction.» La advertencia, formulada por el máximo responsable de la institución creada tras el embargo petrolero de 1973 para prevenir exactamente este tipo de catástrofes, mide con precisión la distancia entre el mundo de ayer y la realidad que los mercados, los gobiernos y los ciudadanos enfrentan esta mañana.