A las 6:35 de la tarde, hora del este, del miércoles 1 de abril de 2026, el cohete Space Launch System de la NASA despegó de la Plataforma de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy con 8,8 millones de libras de empuje, y la discusión sobre si los Estados Unidos de América siguen siendo la potencia indiscutible de la exploración espacial quedó zanjada antes de que los propulsores sólidos se separaran del vehículo. Artemis II — la primera misión tripulada hacia la Luna desde que el Apollo 17 regresó a la Tierra en diciembre de 1972 — está en vuelo. Cuatro astronautas, a bordo de la nave Orion bautizada «Integrity», orbitan ahora la Tierra en una elipse que alcanza las 46.000 millas de apogeo, más alto de lo que ningún ser humano ha volado en más de medio siglo, según confirmó la NASA en su comunicado oficial del lanzamiento. Hoy, jueves 2 de abril, el mundo observa mientras los controladores de vuelo en el Centro Espacial Johnson de Houston preparan la maniobra que definirá la misión: la inyección translunar.
Conviene medir la magnitud de lo que ocurrió anoche no con la retórica del asombro, sino con la aritmética del poder nacional. Según la NASA, el cohete SLS de 322 pies de altura y 5,75 millones de libras de peso al despegue generó una fuerza combinada de 8,8 millones de libras en el momento de la ignición, impulsado por dos propulsores sólidos de cohete y cuatro motores RS-25 heredados del programa del transbordador espacial. Ninguna otra nación — ni China, ni Rusia, ni ningún consorcio europeo — posee hoy un sistema operativo capaz de enviar seres humanos al espacio profundo. Esta no es una observación sentimental; es un hecho estratégico de primer orden.
La tripulación encarna, con precisión deliberada, la amplitud de la empresa estadounidense. El comandante Reid Wiseman, de 50 años, veterano de la Marina de los Estados Unidos y antiguo comandante de la Estación Espacial Internacional, dirige la misión. El piloto Victor Glover, capitán de la Armada de 49 años, aviador de combate con más de 3.000 horas de vuelo en más de 40 tipos de aeronaves y 24 misiones de combate, se convierte en el primer hombre afroamericano en volar hacia la Luna, según reportó CBS News. La especialista de misión Christina Koch, ingeniera eléctrica poseedora del récord femenino de permanencia continua en el espacio con 328 días a bordo de la Estación Espacial Internacional, es la primera mujer en emprender un viaje lunar, como confirmó Space.com. Y el especialista de misión Jeremy Hansen, piloto de combate canadiense de 50 años, se convierte en el primer ciudadano no estadounidense en viajar hacia la Luna, según informó PBS, en un gesto que subraya la arquitectura de alianzas que sostiene el liderazgo estadounidense en el espacio.
El lanzamiento, reportó Live Science, transcurrió con mínimas incidencias — apenas un problema menor de instrumentación en una batería del sistema de aborto de lanzamiento que los equipos de tierra resolvieron rápidamente. Más de tres millones de personas siguieron la transmisión oficial a través de los canales de YouTube de la NASA, cifra que no incluye las retransmisiones en redes sociales, plataformas de streaming y sitios de terceros. La audiencia masiva es un indicador que trasciende la mera curiosidad: refleja que la exploración espacial sigue siendo el terreno donde el pueblo estadounidense proyecta sus aspiraciones colectivas con mayor unanimidad.
Aproximadamente 49 minutos después del lanzamiento, la etapa superior del SLS realizó la primera ignición para colocar a Orion en órbita elíptica terrestre. Casi dos horas después del despegue, según CBS News, el motor de la etapa criogénica interina se encendió de nuevo durante aproximadamente 18 minutos para elevar el apogeo de la órbita a 43.760 millas — más alto de lo que ningún astronauta había volado desde la última misión Apollo. Tras esta maniobra de elevación de apogeo, la cápsula Orion se separó de la etapa ICPS y el piloto Victor Glover tomó los controles manuales de la nave.
Lo que siguió fue una de las demostraciones técnicas más significativas de la misión: las operaciones de proximidad. Según la NASA, durante aproximadamente 70 minutos, Glover guió manualmente la nave Orion a través de una serie de maniobras controladas de aproximación y alejamiento utilizando la etapa ICPS separada como referencia. Space.com reportó que Glover exclamó durante la transmisión en vivo de la NASA al avistar la etapa y la Luna simultáneamente en su campo visual. Esta demostración probó la capacidad de la nave para maniobrar manualmente cerca de otro objeto espacial utilizando sus sensores de navegación y propulsores de control de reacción — una capacidad esencial para futuras misiones Artemis que requerirán acoplamiento con módulos de alunizaje en el entorno lunar, donde no existe sistema GPS.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, declaró en la conferencia de prensa posterior al lanzamiento que los cuatro tripulantes se encontraban «seguros» y «en gran ánimo», según reportó ABC News. Isaacman, en palabras citadas por la NASA, afirmó que Artemis II «marca nuestro retorno a la Luna, no solo para visitar, sino para eventualmente quedarnos en nuestra Base Lunar, y sienta las bases para los próximos grandes saltos». El administrador asociado de la NASA, Amit Kshatriya, añadió en declaraciones recogidas por la agencia que la misión es «una de campaña larga, y el trabajo que tenemos por delante es mayor que el trabajo que dejamos atrás».
Ahora la misión entra en su fase más determinante. Según la actualización de vuelo publicada por la NASA en la madrugada del 2 de abril, la tripulación tomó un descanso de cuatro horas tras completar las operaciones de proximidad y fue despertada a las 7 de la mañana hora del este para preparar la ignición de elevación de perigeo, que ajustará el punto más bajo de la órbita de Orion. Esta maniobra, junto con la elevación de apogeo completada la víspera, da forma a la órbita inicial de la nave y la prepara para la inyección translunar. Según CBS News, la tripulación pasará aproximadamente 24 horas en órbita terrestre alta verificando todos los sistemas de la nave antes de que los controladores de vuelo autoricen la maniobra decisiva.
La inyección translunar — TLI, por sus siglas en inglés — es, según Space.com, «un punto de compromiso mayor para la misión». Según la NASA, esta maniobra será una ignición de aproximadamente seis minutos del módulo de servicio europeo de Orion que incrementará la velocidad de la nave en unas 900 millas por hora, según CBS News, lo suficiente para empujarla fuera de la órbita terrestre e iniciar el tránsito de cuatro días hacia la Luna. NBC News reportó que los controladores de vuelo se reunirán antes del encendido para decidir si proceden con la maniobra, que colocaría a los astronautas en una trayectoria irreversible alrededor de la Luna.
Si todo procede según lo planificado, los astronautas de Artemis II alcanzarán la Luna el lunes 6 de abril, según reportó Al Jazeera, pasando a una distancia de entre 4.000 y 6.000 millas de la superficie lunar. Según NBC News, desde esa posición la Luna aparecerá aproximadamente del tamaño de un balón de baloncesto sostenido con el brazo extendido, y los astronautas se convertirán en los primeros seres humanos en contemplar directamente partes de la cara oculta lunar. La NASA señaló que aunque la cara oculta estará solo parcialmente iluminada durante el sobrevuelo, las condiciones crearán sombras que revelarán relieve, crestas y bordes de cráteres difíciles de detectar bajo iluminación plena. CBS News reportó que la tripulación establecerá potencialmente un récord de distancia de 252.000 millas desde la Tierra — la mayor jamás recorrida por seres humanos.
La nave regresará en trayectoria de «retorno libre», utilizando la gravedad lunar para curvar su rumbo de vuelta a la Tierra, con amerizaje previsto el 10 de abril en el océano Pacífico frente a las costas de San Diego, según CBS News. Houston Public Media confirmó que el Centro Espacial Johnson gestiona la práctica totalidad de la misión desde el lanzamiento hasta el momento del amerizaje.
Hay quienes, en la comentocracia habitual de Washington y en ciertos foros académicos europeos, cuestionan el coste del programa Artemis y sugieren que los recursos podrían emplearse mejor en otras prioridades. Esta objeción confunde el precio con el valor. Lo que despegó anoche de Florida no fue solo un cohete de 322 pies — fue la demostración tangible de que los Estados Unidos de América poseen la voluntad industrial, la capacidad tecnológica y la determinación política para hacer lo que ningún otro país puede hacer. La misión Artemis II no es un acto de nostalgia por el Apollo; es la punta de lanza de una campaña estratégica que incluye una base lunar permanente, la eventual presencia humana en Marte y el dominio continuado del espacio cislunar — el terreno donde se decidirán los equilibrios de poder del siglo XXI.
Mientras la nave Orion orbita la Tierra esta mañana, cuatro exploradores de una república nacida en la convicción de que nada queda fuera del alcance de una nación libre se preparan para la maniobra que los enviará más lejos de casa que cualquier ser humano en la historia. El interés nacional de los Estados Unidos no se sirve solo con tratados y aranceles — se sirve también con 8,8 millones de libras de empuje y la audacia calculada de enviar a los propios ciudadanos al espacio profundo. La inyección translunar aguarda. Y con ella, la confirmación de que este siglo, como el anterior, pertenece a quienes se atreven a cruzar la frontera siguiente.